Llevo varias publicaciones anunciando lo que nos espera con el cambio de escenario iniciado con la convocatoria de elecciones. Denuncié la estafa electoral que supone la Ley de Nietos y obtuve como respuesta que eran sospechas infundadas, poco menos que ciencia ficción…pero aquí estamos. Lo que está sufriendo Francia nuevamente, porque es reincidente, lo tenemos muy cerca.

Le están prendiendo fuego al país. Son varias las capitales francesas donde han acabado con prefecturas, ayuntamientos y todo tipo de edificios. Miles de coches destruidos, cientos de negocios vandalizados, innumerables heridos; poco de todo esto tiene que ver con protestas estudiantiles o con cuestiones presupuestarias.

Presentan a Macron como un ejemplo de las políticas liberales en Europa. Prometió hace una década eliminar el déficit público, contraer la gigantesca administración, disminuir su expansivo gasto público y rebajar la “polarización” que a su entender sufría la V República. No ha conseguido ninguno de sus objetivos. La creciente pérdida de poder adquisitivo de la gente es fruto de la pésima gestión de la administración, por la aberrante gestión de los partidos políticos de siempre que devalúan todo lo que tocan. A ambos lados de la frontera, tenemos menos porque nos esquilman a impuestos, con las mentiras del catecismo climático. Excusas para que no tengamos nada y seamos felices. Se apuesta por una multiculturalidad que en realidad es una estrategia de sustitución demográfica, para cercenar los elementos identitarios que nos aportaban carácter y personalidad como nación.

Uno de los ejes axiales de toda esta flamígera locura es la connivencia entre las élites globalistas y la extrema izquierda. Hace décadas que los progres perdieron su conexión con la clase obrera, adoptando el “rollete woke”, donde se encontraban más cómodos dada su “superioridad” moral e intelectual. Sin darse cuenta, sufren una desconexión total con la realidad y no apuestan por los cambios necesarios para afrontar el futuro. Esta izquierda cada día más desnortada y radical, promueve una inmigración masiva e ilegal, que no necesitamos, que no aporta, y que ha alterado sustancialmente nuestras ciudades, nuestros colegios, nuestros barrios y nuestro futuro.

Es una extraña alianza si la analizamos con cierta distancia. Ciertamente, hay que diferenciar que es un acuerdo preferentemente con los inmigrantes musulmanes. La inmigración hispana, que ha disfrutado en las dos últimas décadas de las excelencias “bolivarianas”, no están muy prestos a atender discursos revolucionarios, como los que llevaron a la ruina a sus países de origen. Definitivamente lo que une más a gran parte de esa comunidad islámica, con la extrema izquierda, es que odian el país en el que viven. Pero cuesta comprender como los progres de escaparate potencian un islamismo que desprecia a las mujeres, aplasta cualquier tipo de diversidad e impone una teocracia medieval. Es un desprecio radical, larvado en décadas de discursos de odio, para exigir darle la espalda a nuestra propia historia. Pero no se olviden, renunciar a nuestra historia es renunciar al futuro.

El desorden absoluto que están sufriendo en Francia, no es una respuesta al fracaso de su agenda liberticida; es simple y llanamente una llamada al desorden, al odio y a la anarquía. Están frustrados porque les niegan derechos adquiridos, dado que consideran que sólo tienen derechos. Están cabreados, porque no les gusta cómo viven, aunque no hagan absolutamente nada para cambiar o para intentar prosperar. Porque te han convencido de que eres el centro de tu universo y tienes derecho a un salario social, a una vivienda gratuita y que todo sea a cargo de un presupuesto que nadie se preocupa en estructurar.

La última vez que Francia sufrió esta locura fue en el 2023. Invito a los lectores a acceder a la auditoría conjunta del Ministerio del Interior y el Ministerio de Justicia «Rapport de la mission d’inspection sur les violences urbaines de l’été 2023» (Informe de la misión de inspección sobre las violencias urbanas del verano de 2023). Les resumo las conclusiones que sacaron de los disturbios del año 2023. 

El perfil sociodemográfico de los violentos era el siguiente: mayoritariamente varones, de nacionalidad francesa, con una media de edad en torno a los 17 y 18 años. Residentes en barrios periféricos (banlieues) y una mayoritaria proporción de población subsidiada y dependiente. La mayoría eran descendientes de segunda o tercera generación de familias de origen inmigrante. Cuando revisamos la motivación de los implicados, el análisis de ambos ministerios concluyó que la inmensa mayoría de los implicados no actuó bajo una agenda política estructurada o ideológica, sino por puro oportunismo, mimetismo y presión de grupo potenciada por la viralización de los altercados en redes sociales.

En los disturbios actuales se mantienen las mismas condiciones aunque aumenta la edad media de los violentos y se multiplica el número de personas sin trabajo y sin estudios. ¿Cuál es su estrategia? ¿Cuál es su ideología?. Arrasar, destruir por destruir, no tiene sentido, ni constituye un programa. Siquiera me parece divertido, sobre todo si eres un pequeño propietario cuyo negocio es asaltado, o no puedes salir a comprar el pan, por si te rompen la cabeza. ¿Se trata de promover el regreso de las libertades soviéticas, el Gran Paso adelante de Mao, la Revolución Sandinista de Nicaragua o emular a Tamerlan y sus pirámides?

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar… pon las tuyas a remojar. Tenemos un problema a la vuelta de la esquina, porque la sociedad del bienestar tal y como se ha diseñado, redistribuye las prestaciones priorizando a personas que no contribuyen, ni han contribuido a su sostenimiento. 

En España, tenemos el problema adicional de un presidente transformado en un dictador. Embebido de sus propios delirios, obsesionado por eludir el vía crucis judicial y dedicado exclusivamente a vendernos su “relato” aunque se lleve al país por delante.

Luis Nantón Díaz