Afrontamos tiempos convulsos. Muchos son los factores que alteran la ecuación, pero hay dos enormemente desestabilizadores. Por un lado la incertidumbre, que dificulta planificar a medio plazo y desarrollar planes de futuro. Por otro lado está la constante normalización de la desvergüenza, de lo histriónico, de lo falso y vulgar como pan nuestro de cada día. Todo esto genera impotencia y esto conduce al nihilismo. Pensamos que nada se puede hacer, o lo que es peor, que no merece la pena.
Por eso es importante apoyar los proyectos basados en ideas que enaltecen, que no sean excluyentes y no contribuyan a la degradación. Todas las naciones, todas las culturas tienen un principio fundante sobre el que van cimentando su carácter, su impronta en la historia y es importante volver a encontrarnos con el concepto de Hispanidad; esto es lo que procura el Círculo Hispanista de Canarias.
Tenemos delante un concepto totalizador de inspiradora interpretación. No es una simple segmentación geopolítica sino una comunidad civilizatoria, cuya identidad compartida es la misma a ambos lados del Atlántico. No se trata de que América y España compartan una historia, sino que tenemos la misma historia.
Los partidos políticos y sus “adictos al poder” prosperan inoculando en la sociedad el veneno de la diferencia, de la separación, de la envidia y la segregación más sectaria. Hispanidad supone todo lo contrario porque se vertebra en una identidad compartida y generadora. Es hora de reinvindicar realidades esenciales frente a un sistema que nos atomiza; el arraigo a la tierra, la fe de nuestros padres y la familia. La defensa de nuestras tradiciones, nada tienen que ver con un folklorismo de escaparate, sino como algo que nos procura identidad frente a los intentos de la modernidad globalista en disolver todo lo que nos da carácter.
Por eso, desde el Círculo Hispanista de Canarias se habla de reconquista, intentando recuperar la esencia de un término tan enérgico como vitalista. Ya estamos cansados del burdo postureo que supone esto que nos mal venden como progreso, de sus sucesivos mesías, de sus soluciones pendulares y de una casta política que se comporta como los vendedores de crecepelo. Es necesario recuperar todo lo que simboliza la Hispanidad, para reconvertirlo en un proyecto común frente los desafíos contemporáneos que tenemos delante.
Llega un momento en que la cultura no es una pieza más de la construcción, sino el eje axial del proyecto. Desde el Círculo Hispanista de Canarias se promulga una visión de la lucha cultural, frente a la laminación de cerebros que propulsa el sistema. Potenciar el debate para fomentar el espíritu crítico, la capacidad de análisis y de elección es en definitiva el engranaje fundamental de la libertad. Estábamos disfrutando todavía del tarro de las esencias que destapó la conferencia de Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo, cuando la semana pasada nos sorprendieron con el último libro del controvertido escritor canario Alejandro Guerra. Nuestro ponente es abogado, investigador y exmilitar, con más de ocho años de experiencia en las COE (boinas verdes).
“Canarias vendida” es un polémico libro de análisis geopolítico y estratégico en el que plantea la tesis de una supuesta hoja de ruta para la separación de Canarias de España, criticando abiertamente la nefasta gestión de las instituciones actuales. Guerra explicó que el libro nace de un trabajo de investigación realizado en un máster de seguridad, defensa y geoestrategia. Al enfrentarse a su proyecto final, optó por una hipótesis realmente disruptiva: estudiar si lo ocurrido en Kosovo, en la antigua Yugoslavia, podía establecer una analogía aplicable a Canarias en determinados escenarios. Alejandro Guerra defiende que lo que ocurrió en Kosovo en los años 90 -la secesión de un territorio europeo bajo presión política, migratoria y militar, con la complicidad internacional- podría repetirse en Canarias. “Kosovo no está en África ni en Asia. Está en el corazón de Europa. Y su independencia vulneró normas, resoluciones de Naciones Unidas y acuerdos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Lo impensable ocurrió allí. Y aquí ya estamos viendo los mismos síntomas.
Alejandro Guerra ahondó en las singularidades del entramado político canario, vinculando su tesis de “entrega” del archipiélago: el progresivo control de las empresas logísticas y de transportes a sociedades vinculadas al gobierno Marroquí, la desestabilización del mercado de viviendas con el problema de la inmigración y el demoledor efecto de las nacionalizaciones promulgadas por el gobierno socialista.
Por eso, retornemos al fundamental vector de la lucha cultural. El nuevo totalitarismo pivota sobre la nada, sobre la anestesiante cultura del ocio; pretenden una sociedad absolutamente gris e impersonal. Cuando la igualdad se convierte en dogma, la sociedad se despersonaliza. Los sicarios de la agenda 2030 no permiten discusión ni excepción, y “su igualdad” es el fin último. Éste es su sentido teológico-político: define un bien supremo, identifica herejías y establece una vigilancia moral constante. El parecido con la distopía que describe George Orwell en “1984” es siniestro. La sacrosanta igualdad afecta también a cuestiones de índole económica: precarizar los salarios, igualdad patrimonial y de resultados. Si la utopía llegara a término, habríamos logrado el sueño del totalitarismo agendista: esa vida oscura, tranquila y minúscula de los que no tienen nada, y son felices.
A muchos, el término hispanidad les suena a reaccionario. Y a lo mejor no van errados, siempre que sea una reacción al sinsentido de una época sin rumbo. Desde el Círculo Hispanista de Canarias nos invitan a un proyecto que consiste en volver. Pero que quede claro, siempre ha consistido en regresar para seguir avanzando.
Luis Nantón Díaz
CÍRCULO HISPANISTA DE CANARIAS
Related posts
SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
Ver más