Sólo queda mes y medio para que se celebren las elecciones generales. Nos vamos a hartar de ingeniería electoral, encuestas a la carta y mentiras a un nivel nunca visto. Se acaba de dar el pistoletazo de salida y muchos se revuelven con repugnancia frente a las diversas artimañas del tahúr que ocupa el Palacio de la Moncloa. A su Sanchidad le da lo mismo todo, ya nos lo ha demostrado en infinidad de ocasiones. Solo le importa conservar el poder y tiene como menor de sus objetivos de campaña superar los 100 escaños. Este tipo pretende sobrevivir a su propia debacle y por eso se parapeta en la teatralidad más obscena y delirante.

En breve tendremos los datos del desempleo, la disparada inflación y la deuda pública, ya en formato “sideral”. Simplemente obtendremos la confirmación,  mensualmente validada, de que España no va como un cohete, sino como una nave a la deriva. Ante los resultados de la desastrosa gestión de este Gobierno, en estos “ocho años locos” el “gran timonel” lo apuesta todo al “rojo”, y como experto jugador, sabe que sólo le queda virar hacia la extrema izquierda. Su discurso  supera ampliamente las locuras podemitas, pero resultando más explosivo, porque está en el poder. Su enloquecido ego, su imperiosa necesidad de eludir el peso de la justicia y su carencia de escrúpulos son un cóctel difícil de digerir. Por eso preparémonos a un aumento de la polarización porque su estrategia es la de la tierra quemada; dejar el país arrasado para que el que venga no pueda hacer nada.

Comentábamos la semana pasada que en esta feria en la que se ha degradado la sociedad, sufrimos una infantilización de consumidores y votantes. Con estos mimbres Pedro Sanchez juega a presentarse como el “lado correcto de la Historia”, matraca que estos totalitarios tienen siempre en la boca. Se saca de la chistera un nuevo relato donde representa a una mayoría social que mantiene una lucha titánica frente a unas élites indeterminadas. Un cuento chino donde este gobierno que ha complicado absolutamente todo lo que ha tocado a golpe de Decreto Ley, se infieren como salvadores de la democracia, frente a unos poderes oscuros. Nunca existió esa mayoría feminista, ecoresiliente y virtuosa, liderada por un valiente paladín, sino una “mayoría de supervivencia a costa de Sánchez”: nadie de los que apoyaron a su Sanchidad en 2023, lo hizo convencido de lo que hacía, ni siquiera los que se sentaron en su consejo de ministros con el carné de Sumar. Todos ellos perdieron las elecciones que este caradura sin límites denominó “mayoría de progreso”.

Esto es una pesadilla de ensoñaciones electorales, presentados con el terciopelo de unos palmeros muy bien pagados y muy satisfechos de sí mismos. Nunca existió una “mayoría de progreso”, convirtiéndose en la gran parodia de este desgobierno. El nivel medio de sus integrantes es mediocre, dominados por su irrefrenable voracidad y por una obsesión por vivir al contrario de cómo predican. Lo que sufrimos desde hace más de 8 años, es un gobierno Frankenstein, cuyo denominador común es su odio a España, y estrechas miras partidistas. Recordemos fue Junts quienes decididamente salvaron este “invento” para lograr el indulto de los condenados por el 1-O, de hecho así lo declaraba el Ministro Bolaños hace unos días; lo mismo con Bildu para que fuera excarcelando a los carniceros de ETA que todavía no habían sido liberados; y ERC para propiciar que el independentismo catalán seguía teniendo peso en ese Estado Español que tanto desprecian y bajo promesa de borrón y cuenta nueva en el fracasado golpe de estado en Cataluña; o el PNV que vendió su apoyo cuando se percató de que podía obtener más rédito de un pacto con la izquierda debilitada que con la derecha. No puede extrañar que, globalmente, todos estos grupos fueran decayendo a medida que se agotaba el tiempo del sanchismo.  Así, todos, uno por uno han sostenido al sátrapa mientras, se tapaban la nariz con una mano y con la otra abrían la caja registradora.

Estas elecciones estaban cantadas. Como no podía ser de otra forma los problemas se multiplicaban. Ya ni se acuerdan de la última vez que sacó un proyecto legislativo que no haya impuesto a golpe de decreto o con fraudes de ley como utilizar a la Diputación Permanente. Fracasos económicos, constatación de promesas incumplidas, escándalos judiciales que se destapan semanalmente…adelantar las elecciones aprovechando la crisis de la vivienda, es de manual. Sobre todo porque él, y su gobierno, son los principales responsables de que millones de personas no puedan acceder a una vivienda. 

Como es habitual en todo tipo de tiranos, nuestro flamante presidente se presenta como un héroe de talla internacional en la lucha contra el mal, contra esa “internacional fascista” donde solo falta citar al Dr. No o a Fu Manchú. Por supuesto, todo el que no está con él, esta contra él, y si es así están de lado del mal. Es una argumentación tan infantil como vergonzante. La oposición se convierte en su teatral relato en unos sicarios, colaboradores de las fuerzas oscuras del mal; y el tipo lo dice sin reírse. Hay que reconocerle que es un genial prestidigitador, aunque la factura de su paso por la historia, va a resultar impagable por varias generaciones. 

Sánchez abandonará el poder, dejando el país en un estado lamentable y el nuevo gobierno no va a tener un respiro. No le van a otorgar ni la menor oportunidad, culpándoles desde el minuto uno de todos los problemas heredados, aunque el responsable fuera el partido que ha fagocitado todas las instituciones. Es el resultado de una política de “tierra quemada”, con medidas suicidas destinadas a que su sucesor se viera incapaz y, a lo mejor en dos años retornar al cálido sillón del poder. Lo de la Ley de Nietos, lo de las reagrupaciones familiares, lo del fomento de la inmigración masiva e ilegal y el trapicheo con Marruecos, el tiempo demostrara que son jugadas a medio plazo. 

Escenificaciones esperpénticas como las de la instrumentalización del caso Maricarmen, o una huelga general contra la oposición, son sencillamente el aperitivo de lo que viene. Cualquier medida que adopte un nuevo gobierno, será dinamitada como excusa para “agitar la calle”. Tengo serias dudas de que el nuevo gobierno que venga, podrá superar la presión callejera de “sindicatos de inquilines”, de ONGs en riesgo de perder suculentos subsidios, o del entramado de redes clientelares que han fomentado en estos años. No olvidemos que tenemos a casi 3.000.000 de perceptores de ayudas sociales que desean seguir recibiéndolas a cambio de nada, importantísima masa social que en su mayoría no son paisanos.

Todos queremos lo nuestro, todos tenemos derechos, pero antes de nada es menester restablecer la cordura.

Luis Nantón Díaz