¡Qué bien manejan el relato los políticos! Son unos artistas, me quito el sombrero. Está claro que aportar resultados, generar riqueza, crear empleo o sencillamente cumplir lo prometido, es harina de otro costal. Resulta jocoso escuchar a un político en campaña, explicándote que van a ejecutar todo lo que no han hecho cuando han estado gobernando. En este caso casi una década completita. Los resultados se evalúan, son medibles y se pueden contrastar. Si ahora prometen lo que no han ejecutado en más de ocho años de gobierno, se están riendo de todos nosotros. El famoso relato no resiste ni dos soplidos del lobo feroz.
A lo único que se “agarra” el sátrapa que ocupa el Palacio de la Moncloa es al PIB. Los restantes indicadores económicos o están falseados, o son sencillamente desastrosos. Su Sanchidad y palmeros nos reiteran que a más PIB (Producto Interior Bruto) más crecimiento, sin embargo la experiencia y las cifras demuestran que el crecimiento del PIB, en estos momentos, va parejo al crecimiento de la pobreza. El PIB aumenta en España por el incremento en el consumo que genera la masiva entrada de inmigrantes. La inmensa mayoría de los recién llegados a nuestra Nación, cotizan en las bandas salariales más modestas o directamente han venido a beneficiarse del estado de bienestar. No olvidemos que el “título” de ciudadano este gobierno sencillamente lo regala, y el de “vulnerable” lo promociona. No tenemos más que fijarnos en sus lemas: vivienda gratis (okupación, inquiokupación), telefonía y energía a coste cero (a cargo de los ayuntamientos), “subsidios múltiples” (a más hijos, más subsidios; a más personas a su cargo, más ayudas). Cien personas, por pocos recursos que manejen, consumen más que setenta y cinco personas. La diferencia del PIB se vende como un éxito por este gobierno cuando es el resultado de tener a más personas consumiendo. Por otro lado, está muy orgulloso de casi alcanzar los tres millones de personas percibiendo el Ingreso Mínimo Vital. ¡Los logros de su Sanchidad!
Pero vamos a centrarnos, que mi intención era escribir sobre el problema de la vivienda. Este gobierno no sólo no ha hecho nada para solventarlo, sino que lo ha complicado a niveles siderales: ha construido una cantidad ridícula de viviendas sociales, no ha liberado suelo público para construir más viviendas y no ha adoptado medidas para agilizar la concesión de licencias. Además ha abandonado a los pequeños propietarios en un lodazal de inseguridad jurídica mientras continúa saqueando a sus ciudadanos con impuestos abusivos en la transmisión y compraventa de inmuebles. En medio de todo este caos, con el efecto llamada, vienen millones de inmigrantes que no nos hacen falta pero que tendrán que alojarse en algún sitio. Si esto es todo lo que saben hacer desde el gobierno, más les valía haberse estado quietecitos y dejar de sacar decretos indecentes, que sólo provocan más pobreza y carencias.
Esta inoperancia ha incrementado el precio del alquiler en España un 38%. Durante los ocho años del gobierno Zapatero casi se construyó medio millón de viviendas, en idéntico periodo su Sanchidad ha construido 79.000. Si utilizamos como referencia los años 60, nuestra nación alcanzó un porcentaje de vivienda de protección oficial (VPO) significativamente más alto que el actual. Entre 1961 y 1975, el 53% de todas las viviendas construidas estuvieron bajo algún régimen de protección estatal. En ese periodo de 14 años se promovieron, se construyeron, más de cuatro millones de viviendas.
Estos radicales viven de polarizar la sociedad. Siempre necesitan nuevas versiones de la lucha de clases potenciando nuevas víctimas, para continuar justificando su incompetencia. Complican artificialmente el panorama, generando el desorden que anuncian que van a solventar y ahora la historia no va de ricos contra pobres, sino de propietarios contra inquilinos. Aunque el rentista sea un currante que se ha matado a trabajar para tener un piso para sus hijos o para complementar su pensión. O simplemente heredó ese piso, fruto del honesto esfuerzo de sus padres o de sus abuelos. Esos fondos buitre, con los que se llenan la boca los ideólogos de esta “disidencia de escaparate”, son propietarios de un 6,9% del parque de viviendas de alquiler. ¡Merluzo! Has atacado frontalmente al 93% de las viviendas de alquiler, que son de particulares, que bien se inhiben, saliendo del mercado, o dedican sus valores refugio a otra cosa. Si un gobierno permite que la población crezca a una velocidad mayor que su capacidad de construir viviendas, según la ley de la oferta y la demanda, el precio de la vivienda crece: a más demanda y menos oferta, el precio se dispara; de la vivienda y de cualquier otro producto del mercado.
Se trata de afrontar estrategias valientes y a largo plazo, pensando en el país, en el futuro de su gente y no en casposos discursos electoralistas. Es un problema muy complejo que no va a solucionarse con una sola receta, pero ahí van unas cuantas medidas que hubieran contribuido a mejorarlo. Generar alternativas públicas y privadas para la construcción de las miles de viviendas que demanda el mercado. Facilitar suelo en las principales ciudades a los promotores y brindar ayudas fiscales a cambio de topar los precios como alquiler social solventando dos objetivos simultáneamente: la falta de suelo y el precio de salida de los inmuebles. Dar ventajas fiscales a quienes elijan vivir fuera de las principales ciudades para descongestionar las zonas que ya están en su límite de capacidad. Aunque eso te obliga a mejorar las comunicaciones y abaratar el transporte público en las horas de mayor afluencia con el fin de eliminar la barrera de la distancia para los trabajadores. Dar más seguridad jurídica a los propietarios ante impagos o desahucios de larga duración; esto incentiva que saquen al mercado viviendas que actualmente están vacías y no se ponen en alquiler por miedo al riesgo. Repito que es un problema muy complejo, pero el movimiento se demuestra andando, no haciendo chorradas en tik-tok.
Ismael Serrano, gran artista y pijo progre hasta las trancas tiene un tema “La Casa y el Lobo” que es una crítica social sobre el acceso a la vivienda, la especulación financiera y las hipotecas basura. El lobo es el mismo de siempre, las élites financieras. Ésas que ahora mismo están a partir un piñón con la izquierda globalista, más preocupada de su catecismo climático o de sus aberrantes políticas de género. Los que ya no son los mismos, son los tres cerditos, quizás más desmotivados, pero a lo mejor más conscientes del verdadero origen de los problemas. Los lobos suelen ser siempre los mismos, pero los cerditos están aprendiendo.
Luis Nantón Díaz
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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