Cada día que perdemos en manos del megalómano que ocupa el Palacio de la Moncloa, es un día más que nos arrebatan de nuestro futuro. Aquí no hay ningún componente ideológico, ninguna controversia política, estamos “secuestrados” por un individuo al que lo único que le preocupa es su supervivencia en el poder. Su camarilla le apoya incondicionalmente por la misma razón.
Los partidos de la “liga Frankestein” nunca van a disfrutar de tanta cancha, pasta y privilegios. Y sus votantes se mantienen por el casposo anuncio de que viene la extrema derecha…¡Que miedo!Son muchos los que se cuestionan qué secretos tendrán los servicios de información marroquíes sobre su Sanchidad, sobre el PSOE o sobre sus turbios manejos. En los últimos años, nuestra política exterior se sustenta en una permanente e incomprensible genuflexión bajo el peso de Marruecos. Las tramas se multiplican, pero cada vez son más los que sugieren que tiene que ver con la matanza del 11-M. Nunca olvidaremos a las víctimas, 194 personas asesinadas y más de 2.000 heridos en Madrid, además del vuelco electoral que provocó en el 2004. Esta execrable brutalidad nunca ha sido aclarada y no parece que tuvieran muchas ganas de explicarla.
Todo esto tiene que ver con la operación PEGASUS, que ha sido investigada por la Audiencia Nacional, archivando hasta en dos ocasiones las actuaciones, por la absoluta falta de colaboración de la justicia de Israel. Hablamos de una trama de espionaje, con software hebreo, desarrollada durante años por agentes marroquíes, teniendo por objetivo el gobierno de España. Algún día averiguaremos que información obtuvieron, para que nuestro gobierno se plegara a los intereses de la élite marroquí. Nuestra errática política agraria y pesquera, la histórica traición con el Sahara y la cesión a los chantajes migratorios de Marruecos se comprenden mejor con Pegasus. Nuestro gobierno, obsesionado con su permanencia en la poltrona, no ha hecho nada ante la invasión de Ceuta. Sus falaces argumentos son, además de un insulto a la inteligencia, la penúltima traición a nuestra gente, a todos nosotros.
Desde hace semanas, en diferentes medios, y de forma creciente, se está publicando información sobre el frente común abierto por Israel y Marruecos. No es una alianza natural, pero la geopolítica, los intereses de las élites y enemigos comunes, enhebran lealtades curiosas. No me refiero a las manidas maniobras propagandísticas del Gobierno Sanchez, acusando a Putin, a la ultraderecha internacional o a Franco. Eso sólo es jugar al despiste.Hago referencia a lo que están publicando algunos medios y analistas extranjeros, intentando responder a qué juega nuestro vecino del sur, con la invasión de Ceuta. La mayoría de los laboratorios de ideas destacan la penosa gestión internacional de nuestro gobierno, en línea con la histórica ausencia de política exterior de su Sanchidad, salvo cuando le es útil a los fines personales del gran timonel.
En un magnifico artículo del periodista Gonzalo Araluce se transcriben los análisis del politólogo israelí Jose Lev Alvarez, publicado en “The times of Israel”, con la cabecera: «España perdió Ceuta: Marruecos debe ahora terminar el trabajo.». Lev Álvarez señala en su análisis que «Ceuta no es una simple crisis municipal; es un punto estratégico crucial que controla el Estrecho de Gibraltar y sirve de base para todo el flanco sur de la OTAN» lo que denota que tanto los EE.UU como Israel mantienen un crucial interés geoestratégico en la ciudad española: «Rabat debe aprovechar el vacío estratégico creado por Sánchez y completar la tarea».
Fue en 2002 cuando Chirac presionó a Aznar para que entregase las ciudades autónomas, por estrategia de Bruselas. Aznar se negó. Eran otros tiempos, los tiempos del “tanteo de Perejil”. Ahora no intermedia la Comisión Europea, sino un gobierno Trump que pasa factura por la teatral chulería de Pedro Sanchez. Como también apunta Carlos Lopez, autor de “ Izquierda globalista y reacción global patriota”, a lo mejor el objetivo es transformar Ceuta y Melilla en una versión del desastre de Gaza.Destaca brillantemente Araluce, que en el análisis de Lev Álvarez culmina así: «En primer lugar, Marruecos debería proponer a Estados Unidos y al Estado de Israel un pacto de seguridad integral para el Mediterráneo Occidental en el marco de los Acuerdos de Abraham […] Este marco inevitablemente posiciona a las fuerzas marroquíes para asumir el control de facto de la seguridad del perímetro de Ceuta, convirtiendo la soberanía española en una mera ficción». Lo más preocupante de su análisis es lo siguiente: «Marruecos debe aprovechar esta crisis para iniciar una reevaluación internacional integral de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. Con el respaldo de Washington y Jerusalén, Rabat puede forzar una revisión jurídica internacional formal de estos enclaves».
Creo que debemos preocuparnos, estamos en la lista de objetivos; no nos engañemos, siempre lo hemos estado. Y ya puestos a tener las cosas claritas, en nuestra comunidad canaria ya conviven más de 55.000 ciudadanos de Marruecos, y más de 80.000 musulmanes.Los canarios siempre hemos tenido una especial sensibilidad para todo lo relacionado con defender al pueblo saharaui. Su Sanchidad, pasó de ser el amigo fiel, a ser un lacayo de la dinastía alauita. Cuando le demostraron lo que se puede hacer con un móvil y un virus denominado Pegasus todo se alteró exponencialmente. Ahora nos hemos transformado en unos dóciles voceros de Rabat.
Todo esto se desarrolla por la la debilidad que genera el potencial chantaje Pegasus. Se está extorsionando a unos tipos a los que el bien común les importa un bledo, al igual que la idea de nación. Cuando nos libremos de este megalómano, tendremos una derecha que se entrega gratis, voluntariamente, a los intereses de USA e Israel. Intereses que a lo mejor no son los más beneficiosos para nuestro futuro. Sobre todo cuando debemos aceptar que Mohamed VI, o quien gobierne por esos lares, hace tiempo que “nos comió la tostada”.
Tal y como decía Maquiavelo en su tratado “El Principe”, quien propicia aumentar el desorden para evitar la guerra, tendrá desorden y guerra. Sea chantaje, sea locura o sea ambición, todo nos lleva en la misma dirección.
Luis Nantón Díaz
PEGASUS
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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