Es necesario un cambio de ciclo y las elecciones de este próximo 29 de noviembre representan una oportunidad para generar un punto de inflexión. El país está extenuado, exige un revulsivo que propicie un sistema con nuevas mayorías que marque un verdadero cambio de rumbo. Mayorías que permitan mejorar el caduco sistema del 78, que ha demostrado su incapacidad para impedir que los adictos al poder puedan degradar las instituciones, convirtiéndolo todo en una finca personal. Una modernización de la constitución que compense el desproporcionado poder de los partidos políticos, y le brinde mayor peso a la sociedad civil. Porque los partidos políticos, están desconectados de la realidad, de lo que palpita en la sociedad.

Sería terrible que su Sanchidad, siempre capaz de cualquier tropelía, pudiera ganar las elecciones. Es capaz de todo como lo demuestra la ley de nietos, el DNI digital o regar con el dinero que no tenemos a todo colectivo que se muestre potencialmente “agradecido”. Resultaría pavoroso porque nuestro “gran timonel” vive de generar enfrentamiento. Nada sinuosamente en la crispación más enervante y sólo le preocupa su futuro personal y a corto plazo. Pero también sería penoso, un gobierno que no actúe con la necesaria valentía y contundencia. Sánchez abandonará el poder, dejando el país en un estado lamentable y el nuevo gobierno no va a tener un respiro. No le van a otorgar ni la menor oportunidad, culpándoles desde el minuto uno de todos los problemas heredados, aunque el inequívoco responsable sea el que abandona la poltrona.

Lo que el nuevo gobierno va a heredar, no es un caramelo envenenado sino una situación lamentable que tiene peor arreglo que la que recibió Rajoy al ganar las elecciones en el 2011. Se iniciaba una década y la prioridad era evitar que España fuera intervenida por los “hombres de negro” de la Unión Europea. Terminando el 2026 la situación es mucho peor; la inflación no da un respiro, los salarios aceleran su pérdida de capacidad adquisitiva y pese a una desorbitada presión fiscal, la deuda externa y el gasto público continúan aumentando exponencialmente. La que se le viene encima a los nuevos gestores no va a tener parecido con nada que haya acontecido en el último medio siglo, pero sí ofrece algunas similitudes con la II República Española y las elecciones de 1934. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Todo se complica aún más con la operación de sustitución demográfica, y por lo tanto de sustitución de votantes, que han fomentado desde el gobierno. El peso de la población extranjera continúa creciendo. En enero de 2025 suponía el 19,3% de los habitantes de España, frente al 18% del ejercicio anterior.  Los datos proceden del Censo Anual de Población, que el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó en  abril de 2026. De los 9.464.210 residentes nacidos fuera de España a 1 de enero de 2025, el 13% llegaron durante el 2024. Los incorporados en 2023 y 2024 se acercan a los 2,55 millones de nacidos fuera entre 2001 y 2010 y seguían residiendo en el país a comienzos de 2025. El INE insiste en que el crecimiento de la población en el 2º trimestre de 2026 se concentró en residentes nacidos en el extranjero, mientras se minoraba notablemente el número de nacidos en España. Las nacionalidades más numerosas entre los inmigrantes de este último trimestre fueron la colombiana, con unas 34.000 entradas, la venezolana, con 23.300 y la marroquí, con 21.850. Es un flujo imparable, que no sólo altera la fisonomía de nuestros barrios sino que satura los servicios básicos y desvirtúa los pilares culturales de una sociedad cohesionada. La inmigración modifica sin lugar a dudas las naturales intenciones de voto.

El Profesor Betz es Catedrático en el King’s College de Londres; es un relevante experto mundial sobre descomposición de sociedades y autor del ensayo «Civil war comes to the West» (La Guerra civil llega a Occidente). Recientemente ha sido comentado por Mariona Gúmpert en un artículo en el que expone una situación muy preocupante. “Este profesor advierte del peligro del sesgo de normalidad, es decir, la tendencia a no reaccionar ante un peligro inminente simplemente porque antes no se ha producido. También hay quien alerta del peligro de hablar del riesgo de guerra civil, por el miedo a que la gente empiece, de hecho, a prepararse para una. Betz responde diciendo que ocultar un diagnóstico no cura la enfermedad, solo retrasa el tratamiento hasta que éste resulta inútil. Europa lleva décadas tratando de condenar al ostracismo a quienes advierten del problema, como Houllebecq y Zemmour en Francia. De hecho, en el apéndice de su segundo ensayo recoge advertencias de casi veinte líderes europeos. Entre ellos, las declaraciones de Santiago Abascal en 2021, tras la primera crisis de Ceuta, en las que alertaba de que la inmigración descontrolada podría desembocar en un conflicto civil. La palabra más suave con la que se le describió fue alarmista”.

Todas, absolutamente todas, las medidas del gobierno de su Sanchidad están aumentando el déficit y la incesante expansión del gasto público. Hasta el último minuto de su mandato continúa con unos alocados gastos que no aumentan ni mejoran nuestro tejido productivo, nuestra capacidad económica o nuestra competitividad. A estos iluminados les importa un bledo cualquier cosa que no conlleve beneficios electorales o cuestiones estéticas, encaminadas al crecimiento de una sociedad dependiente y sin capacidad de decisión. 

Por encima de esto, está el natural comportamiento de un sistema globalista que está por encima de las estructuras políticas nacionales. Por eso, el gobierno de Macron en Francia ha planteado la suspensión temporal de las redes sociales. Los problemas conducen a la implantación de medidas liberticidas de control e identificación, que no estarán vinculadas al problema original. Pero siempre pensando en nuestro bien.

Frente al calado tan brutal de los cambios que se esperan, los partidos que asuman este reto, deben pensar en estrategias desde ya. Las personas dispuestas a apostar por el sentido común deben “atarse los machos”, porque vienen muchas curvas. No va a ser fácil y hagan lo que hagan van a incendiar la calle, culpando al que llega de 8 años de desgobierno, de una coalición “Frankenstein” cuya argamasa es el odio a todo lo que representa España.

Luis Nantón Díaz