Cómo han cambiado las cosas desde el 2015. Los progres dominando la totalidad de los medios y redes sociales, promocionando incesantemente desde sus subvencionados púlpitos sus alocados experimentos. Soflamas permanentes en las que nos adoctrinan con lo que está bien y lo que está mal, lo que puedes leer o escuchar, lo que puedes comer, lo que debes pensar. Si no acatas el “totalitario catecismo” te arreo con la cultura de la cancelación. Durante años no han permitido el más mínimo debate, han impuesto su pensamiento único, sustentado en una más que discutible superioridad moral.

Poco a poco, y con la fuerza de los hechos, sus mensajes han quedado en lo que siempre fueron. Un negociete para espabilados, un generador de puestos y recursos para aquellos que no tienen méritos para conseguirlo en la vida real y un fatídico ensayo elaborado por gente egoísta y desconectada de la realidad. Han crucificado a todo al que han podido; a los que esgrimen un mensaje contrario y a los que intentan generar un debate. Ahora no logran encajar esa creciente entrada de oxigenada libertad y abogan por todo tipo de censuras.

El globalismo y sus títeres pretenden frenar la toma de conciencia de los ciudadanos europeos hartos de ver, cómo cada día vivimos peor, mientras nos arrebatan libertades, poder adquisitivo y garantías sociales. Los burócratas de la comisión europea están tan desesperados por retardar el radical cambio de conciencia de la ciudadanía y por controlar completamente el relato que cada vez son más las medidas aplicadas a lo largo de la Unión para frustrar la expresión del pensamiento disidente. Tienen prisa, porque el personal está cada vez más enfurecido con sus supuestos representantes, como prueba el descenso en picado de las intenciones de voto, en los menguados partidos de siempre. Nos damos cuenta de que no sólo no solucionan problemas, sino que son el problema.

Temas tan polémicos como la identificación digital, los controles biométricos, el dinero electrónico o las ciudades de 15 minutos pretenden implantarse de forma tan rápida, como opaca, al margen del debate público. Esto, y la carencia de soluciones, provoca que el electorado esté tomando actitudes muy críticas:  En Reino Unido, cerca del 68% se opone a Keir Starmer; en Francia, el 77% de la población desaprueba al presidente Emmanuel Macron; en Alemania, el 65% tiene una opinión muy negativa de Friedrich Merz, y en España, el 68%, al parecer, está hasta los mismísimos de su Sanchidad. Pocos me parecen, casi me huelen a la cocina de Tezanos.

Callar voces disidentes legítimas es la forma más totalitaria de autoritarismo. Estos hipócritas, adictos al poder, están obsesionados con el control, la vigilancia y la supervisión. Pero como todavía hay marcos legales garantistas, no pueden actuar como quisieran.  Así que la solución, la estrategia, tiene que ser tecnológica y regulatoria y aquí es dónde entra el famoso mensaje de Pedro Sánchez en el Foro Económico Mundial, anunciando medidas para controlar el acceso a redes. Un ratito después la ministra comunista Sira Rego tanteaba el ambiente, pidiendo frontalmente la prohibición de X en España, para defender la democracia. Obviamente es mucho mejor que sigamos el BOE, de todos los millonarios cantamañanas que repiten los mantras gubernamentales, en el equipo de opinión sincronizada de nuestro gran timonel.

El gobierno de su Sanchidad promueve nuevas regulaciones que amenazan la libertad, en un marco que en la actualidad es tan importante, como imparable: las redes sociales. Y siempre con la misma burda cantinela. Para protegernos, para cuidarnos como a niños pequeños, debe restringir la información a la que tenemos acceso. Como los ciudadanos somos unos cretinos y sólo servimos para pagar impuestos, deben cuidarnos permanentemente. 

Salvo error por mi parte, VOX es el único partido que ha actuado frente a un tema tan importante como este. Ha presentado una proposición no de ley de forma simultánea en el Congreso de los Diputados, el Senado y los parlamentos regionales con el objetivo de frenar la ofensiva gubernamental contra la libertad de expresión. Lo mismo ocurre con la política de sustitución, que han convertido en una a favor de la inmigración masiva. 

El partido verde denuncia que la libertad de expresión, pilar esencial de toda sociedad libre y democrática, se encuentra hoy «gravemente amenazada por una arquitectura normativa y política que pretende someter el discurso público al control administrativo y al criterio ideológico del poder». Siempre los mismos axiomas mentirosos, herramientas de manipulación. Mensajes de odio, bulos y todo tipo de etiquetas para clasificar los mensajes que no les agradan, que son divergentes, que denuncian sus crímenes, corruptelas y apaños. 

Es importante que tomemos conciencia de lo que estos totalitarios pretenden a golpe de decreto. Es necesario denunciar cualquier propuesta del Gobierno que pretenda imponer la censura en las redes sociales coartando la libertad de expresión e información de los españoles. Fundamental el garantizar el derecho a expresar y difundir los pensamientos, ideas, y opiniones de cualquier forma legal. No se puede perseguir a la gente por opinar, por pensar. Por eso insisten tanto en alterar el marco regulatorio en las sociedades vinculadas a las redes sociales: responsabilidad personal y penal para los responsables de plataformas, para que estén continuamente autocensurándose, no sea que a algún político no le guste esta corriente de opinión, y la etiquete como “mensaje de odio”. Primero te eliminaran las contrataciones de publicidad, olvídate de subvenciones, y después ya te agobiaremos a multas y penalizaciones de todo tipo.

Con la excusa de defender a los menores de edad de las redes sociales, a esos mismos niños a los que el sistema se encarga de laminarles el cerebro, se da paso a todo tipo de identificaciones. Establece un precedente para rastrear la identidad de cualquier usuario, mermando el anonimato y segmentando buenos y malos ciudadanos. No se lo pongamos tan fácil.

Luis Nantón Díaz