Se está a punto de alcanzar la paz en Ucrania, tras tres largos años hay conversaciones, existe negociación. ¡Pues no! Pese a tantos miles de muertos, de tanta destrucción, los líderes europeos se empecinan en golpear con tambores de guerra. Nos venden conflictos que nadie quiere, que no se pueden ganar, y a donde nunca van a mandar a sus hijos. Es un clima de verdadera demencia, pero no están locos, simplemente han convertido el miedo en su lucrativo e hipócrita negocio.

Es el nuevo orden mundial, donde no tendrás nada y serás feliz. Por eso inoculan un combinado de miedo y borreguil anestesia, que aletarga tus sentidos y diluye el espíritu crítico. Toda crisis es una oportunidad para seguir arrebatando derechos, libertades y prosperidad. Por eso los mercachifles de Bruselas imponen barra libre de deuda para instaurar una alocada cruzada militar,  después de haber sustituido nuestra industria, campo y ciudadanía por las del tercer mundo. Por eso quieren que acondicionemos nuestros hipotecados hogares en hermosos búnkeres y tengamos un práctico kit de supervivencia, el kit de la locura. No se trata de forrarse untados por la industria armamentística, sino de preservar nuestra seguridad, con sus maquiavélicos “saltos tecnológicos” No es que piensen que estamos atontados, es que nos  han cogido la medida al detalle.

El primer efecto del miedo, de la sugestión, de la psicosis, es el gregarismo. La gente «desorientada y asustada» acepta el «relato oficial» y lo consagra al rango de dogma indiscutible, reafirmado por el martilleo de los medios subvencionados. Lo hace, además, con una excluyente unanimidad. Posiblemente porque cuando todo el personal piensa lo mismo, y de la misma forma, probablemente significa que nadie se ha tomado la molestia de pensar. Hace 5 años, su fatídico experimento les salió estupendamente. Después está la burda corrección política, casi nadie desea enfrentarse al señalamiento, al desprestigio, a la cancelación. Pero con lo del kit de supervivencia se han superado, el kit de la demencia.

Mira que llevamos 5 años soportando los mensajes más absurdos y erráticos. Ya les da lo mismo, tragamos con todo. Pero lo del kit de las narices, al menos es tan patético, como histriónico. Fundamental en nuestra mochila de combate un práctico manual de supervivencia por si la invasión se junta  con las catástrofes del cambio climático. Los enemigos son muchos (Rusia, China, Corea, Irán) así como los posibles cataclismos (terremotos, tsunamis, danas, sequías). Con relación a los víveres olvídate de carne, atún o vino. Ya sabes que la Agenda 2030 te recomienda nutritivas recetas con harina de insectos. Por favor, en relación con el agua, que las botellas tengan esos odiosos tapones que ha inventado algún cretino mal nacido. 

Ya en otro orden de cosas, pilla algo de dinero en efectivo, si es que “la chiki” , la “ministre de Hacienda” te ha dejado algo de calderilla. Pero en metálico, que los euros digitales a lo mejor no cotizan. Así, al menos podrás comprar una bombona de gas, aunque ahora que lo pienso, lo del gas lo tenemos sancionado. Y las pilas para la radio, así podremos recibir las instrucciones y consignas de nuestros gobernantes. Exactamente igual que cuando el mortal desastre de Valencia, todavía están buscando cómo fue el operativo.

Las élites gobernantes dominan el relato y son artistas en alterar la nomenclatura. No digas rearme, utiliza “salto tecnológico”, igual que no son crisis, son periodos de “desaceleración”, no son terroristas, son insurgentes y no es una mochila para dementes, es un kit de supervivencia. El juego final de la guerra es un balance desequilibrado entre los que se arruinan y los que se forran, sin contar lo peor…los que mueren. A esta insaciable chusma le da lo mismo forrarse con mascarillas, que gestionando subvenciones para su cambio climático o percibiendo comisiones del complejo militar-industrial. 

La celebración del quinto aniversario de aquel gran negocio del miedo que fue la pandemia demuestra que no ha servido para reconocer que nos utilizaron, nos encerraron, nos engañaron. Nos transformaron en gente «desorientada y asustada», incapaz de discriminar con serenidad, que aceptó las cosas más inconcebibles y estrambóticas. Cuando el miedo empantana nuestras aturdidas neuronas, se turban nuestros sentidos, se ofusca nuestro discernimiento bajo los efectos de la ansiedad y el pánico. El terreno que tanto ansían los manipuladores sociales, ocultando con sus tretas los turbios manejos de una clase política que solo nos ve como ovejas para trasquilar.

Es necesario recordar todo esto, aunque resulte desagradable. De la gran crisis sanitaria, y sus múltiples manipulaciones, los únicos que salieron más fuertes fueron el poder y la prensa. Sus arbitrarias medidas, sus totalitarios disparates y las restricciones acientíficas las aceptamos a “pie juntillas”. Al final, los títeres de Bruselas son a Europa, lo que el Partido Comunista Chino a la democracia. Así, hemos pasado de la emergencia sanitaria, a la climática, y ahora a la bélica. Diseñan marco y relato, pero todo va muy rápido, y ya no cuidan ni los detalles. Les da lo mismo todo.

Llama la atención, hace unos días, el debate en el estigmatizado Parlamento Europeo sobre el programa LIFE. Este es un manipulado instrumento financiero clave de la UE para apoyar supuestos proyectos ambientales y climáticos, destinando millones de euros a ONG´s que han usado parte de esos recursos para movilizar a la ciudadanía e influir en decisiones legislativas. Esta denuncia ha generado un debate en Bruselas sobre los límites del activismo subvencionado y sobre si debe permitirse que entidades financiadas por el Parlamento Europeo participen activamente en el diseño e impulso de políticas europeas. Algo parecido al mamoneo de los fondos USAID de USA regando con millones de euros la locura globalista.

El relato se desvirtúa, un escándalo tapa a otro escándalo. Estamos empachados de tanta demencial manipulación. Eso sí, nos bombardean con que hay que guardar la calma, que seamos pacientes y resilientes. Nos convencen de que cada día vivimos mejor, de forma más sostenible, progresista y políticamente correcta. Pero van cerrando el collar y van perdiendo las formas. Mientras más descarnada es su estrategia, más aprietan, y más gente va tomando conciencia. Lo de este kit de la locura, lo de este “negocio del rearme” solo provocará inflación, empobrecimiento de nuestros recursos y aumento de la dependencia. Vamos, lo que claramente quieren, estimulan y potencian. De locos.

Luis Nantón Díaz