No es un incidente migratorio, no es un problema de fronteras, no es una cuestión diplomática. Sencilla y terriblemente es una invasión.
Cuando escribo estas líneas se ha superado la cifra de 60.000 individuos, que han irrumpido en nuestro país de forma violenta, mientras son alentados por sus propias autoridades. Realmente no hay nada nuevo, ya el experimento de utilizar a su propia gente como “carnaza” le salió estupendamente al tirano marroquí en el 2021. Teniendo en cuenta que llevamos años donde son miles, que ya suman millones, los que acceden ilegalmente a nuestro país, ya deberíamos estar más que acostumbrados, como lo demuestra la cobarde pasividad de la mayoría de los paisanos. Otra cosa es que, de esta forma, resulta más escandaloso, más visual y más insoportable.
Imagino que nuestra resiliencia continuará invulnerable, mientras este gobierno nos deje algo para el pincho de tortilla dominical. Seamos francos, no es cuestión de salvaguardar fronteras. Así al menos nos ahorramos que manden al ejército con la consigna de no hacer nada, o que el KGB del déspota Marlaska se persone en el conflicto, para aporrear a los que pitan y abuchean a su Sanchidad.
De lo que se trata es de acabar inmediatamente con el efecto llamada. Comunicar a los 4 vientos que en España no se regala nada, que no tenemos capacidad para dar ayudas, vivienda, sanidad y un largo etc, a un montón de personas a las que no hemos invitado. Aquí cada día estamos peor y no estamos en disposición de regalar lo que no tenemos. Ese es el mensaje, por mucho que la casposa progresía se tire de los pelos. Solo con esto se termina esta pesadilla. Mientras, el sátrapa de Moncloa, cada día más distante, habla bajito no sea que su amigo el rey Mohamed VI se enfade. Todo el mundo sabe, y el gran timonel también, que detrás de toda esta basura, que los finolis denominan “guerra híbrida”, está el gobierno de Rabat. De hecho, cuando el gobierno italiano plantea la posibilidad de interrumpir los acuerdos de libre circulación, por el follón que están organizando en España, Asuntos Exteriores a quien llama a capítulo es al embajador de este país. Y todos estos ridículos vaivenes diplomáticos, mientras lo más granado de los políticos nacionales estaban en las embajadas y consulados de Marruecos, celebrando el Día del Trono. ¡Manda narices! Es de absoluta vergüenza.
Lo que está ocurriendo especialmente en Ceuta, pero también en Melilla, no se limita a las entradas ilegales. Crecientes y contrastados testimonios determinan que se han producido numerosas ocupaciones de viviendas cuyos propietarios han tenido que pedir ayuda a la policía, ante la negativa de los ínclitos visitantes. No son desdeñables los hurtos en establecimientos y conatos de violencia y hostilidad hacia los residentes, especialmente contra las mujeres. Se han visto obligados a cerrar los comercios para evitar problemas, de igual manera que son muchas las familias que están recluidas en sus hogares. Piénsalo, son 90.000 los ciudadanos que viven en Ceuta, y en poco más de 24 horas se le meten a la fuerza más de 60.000 individuos…No hay ningún control policial, de antecedentes, de tipo sanitario… nada de nada.
Lógicamente es necesario pensar que esta invasión, alentada y propiciada por Marruecos, puede ser un vector de infiltración de activos militares y personas radicalizadas. Los agentes que intentan hacer “algo” reclaman refuerzos especializados en inteligencia e información, así como un cribado identificativo urgente en instalaciones habilitadas al efecto. Muy curioso que están perfectamente identificadas las redes sociales marroquíes que han multiplicado el efecto llamada para provocar esta gigantesca y alocada diáspora. Por supuesto, nuestro afamado vecino aprovecha para amnistiar a cerca de 1.800 presos políticos de sus cárceles, que ya te puedes imaginar dónde están ahora.En Melilla la situación es distinta pero igualmente preocupante, sobre todo porque los indicios son de incrementar las entradas ilegales progresivamente. Policía Nacional, Policía Local y Guardia Civil actuaron de forma conjunta y sincronizada, incluso con agentes que se encontraban fuera de servicio. Los profesionales temen la repetición de episodios similares a los de Ceuta y solicitan refuerzos logísticos y humanos. Resulta evidente que Melilla sufre las consecuencias, aunque el peligro más inmediato se sitúa en Ceuta. Pues nosotros, aquí en Canarias, no estamos muy lejos. Cierto es que aquí, todavía, guardan las formas. Pero a lo mejor algún día, de allí llega algo más que calima.
Los palmeros del régimen no paran de reiterar que existe la máxima colaboración de las autoridades marroquíes, para después de este cordial paseo por tierras españolas, sus súbditos retornen tranquilamente a sus casas. De hecho, les piden que vuelvan, o que los van a identificar, y ya no podrían acceder nunca más a Europa. Y esto lo dicen los que consideran un tierno niño a un garrulo de 1,80, bien musculado, que indica que es menor de edad. Ya con las explicaciones, y la seguridad de la “colaboración marroquí” nos quedamos tranquilitos.No hay muchos escrúpulos. Mientras todo este desastre, toda esta invasión, aglutina un montón de problemas: entradas masivas, ocupaciones, hurtos, hostilidad ciudadana y riesgo de infiltración de delincuencia profesional y terroristas. Es difícil negar lo evidente la vulnerabilidad de las fronteras españolas frente a movimientos orquestados desde nuestro vecino. Esta invasión, superior a la población de numerosas capitales de provincia españolas en un solo día, desborda los servicios públicos, los centros de acogida y las capacidades de las fuerzas de seguridad. La presencia de miles de menores entre los llegados (al menos 7.000 según estimaciones oficiales previas) es un problema añadido y una nueva cuota de negocio, para tantos que desgraciadamente viven del tráfico de personas y sus efectos.
Por supuesto, no se van a producir expulsiones: los “expedientes” de todos los ilegales, se tramitarán lenta y cansinamente, más de la mitad o incluso dos tercios nunca serán repatriados (como ocurrió con la invasión de 10.000 marroquíes en 2021 de los que menos de la mitad fueron repatriados a Marruecos), serán dispersados por toda la nación, especialmente en Madrid, Andalucía, Valencia y allí en donde existan gobiernos regionales peperos o apoyados por Vox. Pero nuestro vecino, tiene más claro que nuestra debilidad es su fortaleza.Esto es lo que aporta el globalismo. Una colosal constelación de intereses desplegada con una intensidad narrativa gigantesca. Un relato que cada día es más evidente en sus mentiras, en sus intereses y en su locura.
Luis Nantón Díaz
INVASIÓN
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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