El mundo tiene problemas para regalar, y aunque nos los envuelven con papel de celofán no hay que perder criterio, sobre todo cuando se trata del sufrimiento ajeno. Todos tenemos grandes amigos cubanos, muchos hemos visitado esa tierra hermana. Lo que continúan padeciendo, década tras década, con esa dictadura comunista que les mata de hambre y les arrebata cualquier ilusión es una vergüenza para todos. Nuestro silencio es cómplice, nuestra calma es asesina. Esta gente tiene que recuperar la libertad, la electricidad, el sustento y las ganas de vivir.

Cuba sufrió hace una semana la última caída total del suministro eléctrico, confirmado por la empresa eléctrica estatal cubana Unión Eléctrica (UNE), repitiendo otra aberrante caída total del suministro de hace unos días. El origen parece estar en la localidad de Nuevitas, en la costa este del país, donde se desconectó una unidad del sistema. Resulta repugnante que extensas regiones del país sólo tienen suministro eléctrico cuatro horas al día —muchas veces de madrugada—, incluidas algunas grandes ciudades como Santiago de Cuba, y La Habana.

Todo el mundo sabe lo que acontece en Cuba, pero como somos una panda de cretinos, nuestro flamante Pablo Iglesias visitó La Habana, para indicarnos lo que realmente ocurre en la isla, y que “la cosa no está tan mal”. Si tienes estómago, y ves el vídeo que ha colgado, de su solitario paseo por La Habana, sencillamente alucinas. Sobre todo si tienes presente el deprimente estado de la economía cubana, sumada a la total ausencia de libertades. El que fue exvicepresidente del Gobierno de España nos explica que va todo bien, y que lo que ocurre es culpa del Gobierno Trump. Más de lo de siempre, y en línea con la postura del gobierno socialista que no ha movido ni un dedo para respaldar al pueblo cubano en su lucha contra la tiranía.

Hace unos días sufría con el clarividente análisis de la periodista cubana Mónica Baró, donde brillantemente explicaba que la lucha por la libertad no es un cuento de hadas con príncipes azules y damiselas en peligro, es una historia compleja. Por eso clama al cielo la parcial visión de Pablo Iglesias, blanqueando al régimen comunista con el pretexto de la flotilla humanitaria. Sobre todo ahora que día a día aumenta la presión internacional sobre el régimen encabezado por Miguel Díaz-Canel.

El líder podemita, al amparo del nuevo invento promocional NUESTRA AMÉRICA, se alojó en el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, un establecimiento de cinco estrellas gestionado por la cadena española Meliá y ubicado frente al Capitolio. Desde una de estas habitaciones, Iglesias ha grabado una intervención para su Canal Red, lo que ha generado una fuerte reacción en redes sociales. Airadas reacciones como la del activista cubano Ariel Maceo Téllez quien directamente respondió: «Hiciste un vídeo desde una de las habitaciones del hotel donde millones de cubanos no se pueden hospedar porque el régimen cubano les paga 10 dólares al mes». En su mensaje, le acusa de intentar «engañar» sobre la situación del país y de hablar desde una posición privilegiada.

Pablo Iglesias, por su parte, ha afirmado, sin sonrojarse, que la situación en Cuba «es difícil pero no como se presenta desde fuera». Una vez más, y con justificada indignación, el activista Maceo le contestó: “Tú no tienes moral para hablar por nosotros los cubanos. Cuba vive bajo una dictadura comunista que controla todo en el país y tiene a los cubanos viviendo en la más absoluta pobreza”. Me cuesta comprender cómo se puede defender este caos, que ha entrado en barrena, con hospitales sobreviviendo bajo mínimos, y sufriendo una asesina carencia de los medicamentos más esenciales.

Poco a poco, y pese al terror impuesto por el régimen, la gente está decidida a darlo todo. Sobre todo porque grandes capas de la sociedad ya lo han perdido todo. La polémica se produce en un contexto marcado por la grave situación económica que atraviesa Cuba. La población sufre apagones diarios, escasez de alimentos y salarios muy bajos, en un sistema controlado por el régimen comunista. En los disturbios de hace unas semanas, incluso se atacaron sedes locales del Partido Comunista Cubano. Esto no es una cuestión ideológica, es una cuestión de desesperación. Lo que nos recuerda que estos regímenes, son tan estupendos, que hay que rodearlos de alambradas para que sus beneficiarios no se “escapen”.

No perdamos el norte cuando los enchaquetados de Bruselas nos venden las excelencias de su agenda 2030, de sus ciudades de 15 minutos y de sus catecismos climáticos, sus biblias de género o su totalitarismo sanitario, ¡Qué nos dejen vivir en paz! Es como el “invento cubano” pero sin metralletas…

Mientras la izquierda caviar continúa justificando las excelencias del régimen comunista cubano, Díaz-Canel ha iniciado conversaciones con la Casa Blanca para resolver de forma diplomática las diferencias entre Cuba y EEUU. Por su parte, Donald Trump señaló que en los próximos días se podría producir la «toma» o la «liberación» de la isla. Muchos analistas entienden que está replicando la estrategia ejecutada en Venezuela, de propiciar cambios progresivos desde el propio régimen. A ver si el dirigente norteamericano, no la pifia, como está haciendo en Irán.

Lo importante es pensar en Cuba y en los Cubanos. No silenciemos el drama que están sufriendo. Quieren, desean y ansían libertad. Basta ya de patria o muerte, pues al final solo ha quedado la muerte. La revolución ha priorizado tanto la igualdad sobre la libertad, que llevan más de sesenta y siete años sin igualdad, y sin libertad. Así están las cosas. 

Curiosamente el cineasta cubano Pavel Giroud, comentaba el otro día: “Cuba era un país occidental en el mejor de los sentidos y ahora es más caribeño que nunca, en el peor”. Noticias que no llegan, censura en nuestros principales medios y silencio cómplice. No lo consintamos, defendiendo su libertad, estaremos protegiendo la nuestra. Por Cuba, por nosotros.

Luis Nantón Díaz