Esto es como la inscripción en la puerta del Infierno de “La Divina Comedia”: Perded toda esperanza… Si todavía albergas algo de confianza en los políticos de siempre, es que no has conocido a muchos profesionales del “bipartidismo”. Tras más de medio siglo de este chapucero engaño, si consideras que los partidos de la transición van a resolver algo, es que te falta o te sobra algo. Debes hacértelo mirar.
Nunca pasa nada, pero si algo funciona espectacularmente bien en España es la Agencia Tributaria. Con relación al ejercicio anterior han recaudado un 11% más, hablamos de más de 325.000 millones de Euros. Te lo voy a traducir, en el mejor de los casos, trabajas cinco o seis meses al año para “papá Estado”. No sé si te has dado cuenta, pero es como el tributo currando para construir pirámides. Nadie puede negar que hay un aumento sostenido de la presión impositiva sobre hogares y empresas, especialmente sobre una depauperada clase media.
Su Sanchidad, el que no puede salir a la calle sin una turba de escoltas, nos dice que el aumento de lo “requisado”, es porque somos el motor económico de Europa. Me pregunto con qué país de ensueño genera sus húmedos sueños nuestro gran timonel. Lo cierto es que la propia Agencia Tributaria reconoce que el tipo medio que soportan trabajadores y pensionistas ha pasado del 15,5% en 2019 al 17,5% el año pasado, batiendo máximos históricos.
Aunque parece que nunca pasa nada en nuestro país, hay decisivos vectores que nos están hundiendo. A lo mejor lo de pensar que todo está bien, o que no hay nada que hacer, no es la estrategia más adecuada. Aunque intentan narcotizarnos con la cultura del ocio, tenemos un 30% menos de poder adquisitivo que hace 20 años. Sí, lo has entendido bien, podemos comprar menos pollo, menos gasolina y menos vestuario.
Aunque intentan convencernos de que vivimos estupendamente, la siguiente generación vive en peores condiciones que la anterior. Su acceso a la vivienda es sencillamente una quimera, y un patinete, o alquilar una habitación en una gran ciudad, se convierten en retos imposibles. El desempleo no ayuda, y sobre todo en los más afectados, que son los jóvenes.
Para complicarlo todavía mucho más, los políticos nos embarcan en una sustitución poblacional, en un alocado experimento de ingeniería social, con una inmigración masiva que ni nos hace falta, ni somos capaces de absorber e integrar. Los problemas de natalidad o de bajos salarios, se resuelven desde dentro, y no procurándote esclavos, mano de obra barata en el tercer mundo.
Pero aunque nunca pasa nada, día a día estamos masticando puro desánimo. Nunca he visto a tanta gente pensando en jubilarse como ahora, el personal está desencantado. La gente se está hartando silenciosamente de aportar sus impuestos a personas que no contribuyen o a los políticos caraduras, que directamente lo regalan. Cada vez más paisanos, se sienten estafados, se sienten engañados. La cultura del esfuerzo es un vestigio del pasado, y hasta los más currantes se cansan de ser las mulas de carga de tanta gente. Además, se ha perdido la vergüenza, y normalizamos día tras día, las mayores burradas y tropelías de los sátrapas que nos gobiernan, esquilman y controlan.
Nunca pasa nada pero ya nadie valora el sano esfuerzo, porque el resultado de la tenacidad es dilapidado mientras se recompensa la pasividad. No hay razones para seguir tirando del carro, cuando el carro somos cuatro y cada vez hay más gente subida al remolque. Porque resulta cansino continuar currando para pagar impuestos, sanciones, multas, tasas y arbitrios por trabajar, por comprar, por heredar, por respirar. Y que no nos toquen las narices con que es para sanidad y educación, porque tenemos titulares de sobra para conocer del presupuesto en farlopa, lujos y todo tipo de excesos. No apetece trabajar para mantener redes clientelares, chiringuitos ideológicos, pagas para todo quisque, barra libre sanitaria y sobre todo para los elevadísimos salarios de una panda de inútiles a los que nadie contrataría.
Y el sistema machaca más a los que más apuestan. No solo a los autónomos y emprendedores, que ponen en riesgo su patrimonio por un futuro mejor. Las familias sufren la mayor presión tributaria. De acuerdo con las estimaciones disponibles para 2026, los hogares con dos hijos registran una cuña fiscal del 39 % cuando ambos trabajan —uno a tiempo completo y otro parcial—, mientras que en los hogares con un único salario el porcentaje se sitúa en el 36,8%. El indicador utilizado para esta medición, la cuña fiscal, refleja la diferencia entre el coste laboral total asumido por el empleador y el salario neto percibido por el trabajador. Por eso tienen tanto interés en que las empresas hagan de recaudadores, para que nos demos menos cuenta de que se quedan con la mitad de nuestro trabajo. La mitad, por cada vez menos servicios y de menor calidad.
Nunca pasa nada, pero hay que hablar claro. Muy claro. Una familia sin dos nóminas, no se puede mantener económicamente. En este contexto, el impuesto sobre la renta ha sido identificado como uno de los principales impulsores del brutal aumento recaudador. La falta de actualización de los tramos impositivos en línea con la inflación ha intensificado este efecto. Si no tienes en cuenta la inflación esto es una ruina. Y aunque nunca pasa nada, que sí, que la guerra de Ucrania, que la de Irán, que si Franco…si sufrimos una inflación tan lacerante es porque continúan emitiendo moneda y deuda para minorar la voracidad de un estado que todo lo fagocita.
El objetivo primordial del globalismo es acabar con la libertad. Y la libertad se consigue con dinero. Si te arrebatan los “cuartos” y las ganas de prosperar, te obligan a vivir de las migajas del estado. El Gobierno no te da nada, se lo quita a otro para “regalártelo” a ti. Cuando te despojan de los recursos te obligan a participar de sus sumisas redes clientelares. Por eso han creado un sistema para desmotivarte, para que no emprendas, para que te conformes con poco. Y te lo dicen a la cara: No tendrás nada y serás feliz.
Desean que te rindas, que “nunca pasa nada”, que “no hay nada que hacer” y que se apodere de ti la desgana. Que asumas que trabajar y esforzarte por los tuyos supone un engaño. Que pueden robarte mientras se parten de risa mientras mantienen a otros que van a vivir mejor que tú, a tu costa. ¿Hasta cuándo vas a continuar pensando que no se puede hacer nada?
Luis Nantón Díaz
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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