Ayer viernes disfrutamos con una interesante charla-coloquio en la Fundación Mapfre Guanarteme, organizada por el Círculo Hispanista de Canarias (asociación cultural centrada en Las Palmas de Gran Canaria cuyo objetivo es difundir la historia, la herencia cultural y los principios que infundieron la Hispanidad), e impartida por un hombre tan interesante, como singular. El ponente, Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo es una persona notable, verdaderamente poliédrica, que logra defender valores tradicionales, con un discurso tan moderno como disruptivo. “La hispanidad vivida, testimonio de una aventura” captó plenamente el interés de todos los que vibramos con el mensaje, la experiencia y las propuestas de Telmo.
Quien a los suyos se parece…Que podríamos decir de un sobrino de uno de nuestros más aguerridos e intrépidos aventureros, de Miguel de la Quadra-Salcedo, que nos dejó un enorme bagaje de espectaculares viajes, misiones imposibles y una filosofía de permanente conexión con la naturaleza, con lo sagrado de la naturaleza.
Telmo Aldaz transita por diferentes campos: alpinista, buceador, pelotari, montañero, abogado, marino, esquiador… Hay pocas cosas que no haya hecho en sus 55 años de vida. Es un hombre de buena percha, de barba señorial, melena rubia, y profundos ojos azules. No solo es el semblante, es la forma de comunicar, de transmitir. Resulta sumamente sencillo que veamos en él, a los grandes descubridores del siglo XVI. Parece que todos los renglones de su azarosa vida persigan lo augusto por lo angosto, y por eso su permanente interés en irradiar un mundo de valores, un mundo de conexión con las cosas auténticas que nos rodean, y tenemos al alcance de la mano.
Resulta obvio, como era normal en todas las generaciones que nos precedieron, que es un hombre orgulloso de sus ancestros, de su linaje. Eso es lo normal. Somos herederos de la historia y vivencias de nuestros padres y abuelos y eso es la correa de transmisión de la tradición. Telmo nos habla de una existencia intensa, pero exprimiendo todas las experiencias que la vida nos brinda.
Apasionado por la aventura y las gestas de los conquistadores españoles, su vivificante discurso supone una transparente revuelta contra el mundo moderno, y el vacío existencial al que nos condena. Frente a la narcotización de la sociedad actual, insta a conservar el carácter, la identidad, lo que realmente conforma y fortalece nuestra visión del mundo. Cuando las personas tenemos convicciones, sobre todo de orden espiritual, somos mucho más fuertes.
Una faceta importante de Telmo es su convicción de carlista, entendiendo el carlismo como una concepción de la existencia con una visión trascendente que se fundamenta en la tradición cristiano-católica de los pueblos que conformaron la Cristiandad y luego la Hispanidad. Telmo considera el Carlismo más actual que nunca como ineludible itinerario de vuelta a los auténticos orígenes cristianos de occidente, que tuvo una concreción política en España y que se prolongó también inmediatamente hacia el mundo hispánico.
El mensaje de Telmo va dirigido a todos, a la gente con conciencia, a la gente que tiene espíritu crítico. Hablamos de personas de buena voluntad, que creen firmemente en el interés común y que reivindican una auténtica manera de ver y afrontar este regalo de Dios que es la Vida. La vida del hombre tradicional se distingue, ante todo, de la del hombre moderno, por este criterio doctrinal, por esta sumisión a la verdad y a los principios. Careciendo de una pauta normativa que guíe su vida, el hombre moderno vive a su antojo, hace lo que le da la gana.
El hombre tradicional, en cambio, vive como es debido, hace, no lo que le apetece o le place, sino lo que es correcto, lo que es justo y necesario de acuerdo con el orden natural impreso por Dios en las cosas. Hay que dejar que su mensaje transformador y vivificante penetre de modo natural en las diversas esferas y facetas de nuestra vida, de tal modo que vaya modelando, rectificando y ajustando nuestra misma manera de ser, nuestro modo de ver las cosas y de vernos a nosotros mismos, nuestra forma de comportarnos y de reaccionar ante los acontecimientos. Es una manera de ver la vida, es lo más natural y sano para poder entender y defender la verdadera esencia de lo que somos como pueblo, como sociedad. Es una filosofía de Trascendencia de Fe, de ejemplo a seguir. Es un ideal de Derecho Natural que busca lo bueno, la belleza como medio de entendimiento y aprendizaje.
Me agrada la sencillez con la que hace unos años se describía a sí mismo: Soy como el personaje de Valle-Inclán en las Sonatas: feo, carlista, católico y sentimental. Y ese fue el sentir que nos entregó en la conferencia de ayer. Me gusta una referencia que encontré en sus viajes, que indudablemente define brillantemente que tipo de hombre es: “En mi mochila siempre llevo un cuchillo, un libro, un rosario y una estampa que me regaló mi madre. Todo lo demás siempre te va sobrando”.
Luis Nantón Díaz
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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