Quien hace la ley, hace la trampa. Y cuando hablamos de los “burrocratas” de Bruselas más aún. La semana pasada el Parlamento Europeo votó Chat Control, la norma que permite escanear mensajes privados, teóricamente en busca de material de abuso infantil. Resultado: 314 diputados en contra, 276 a favor. Ganó el no. Y por eso se aprobó.

El Consejo, consciente de que esta normativa es un aperitivo para herramientas de control mucho más totalitarias, empleó una argucia legal para darle la vuelta a la propuesta, utilizó un sistema de urgencia cuando no existía la misma y se aprovechó del verano para que la concurrencia de los parlamentarios fuera menor. Una vieja pesadilla con nuevo embalaje: el Estado queriendo leer tus pensamientos, ahora en formato digital. No es progreso, es servidumbre con fibra óptica. Indudablemente, el manual del “buen manipulador” está implantado a nivel global, como cualquier tóxico derivado de la Agenda 2030.

En marzo, el Parlamento ya había rechazado esta norma, así que Ursula von der Leyen consumó otra de las suyas: adoptó el texto como posición oficial de segunda lectura y en segunda lectura las reglas se invierten. Los parlamentarios ya no deciden si aprueban la ley. Votan si consiguen rechazarla, y para eso necesitan mayoría absoluta de 361 diputados sobre 720, no mayoría de los presentes. Cada ausente cuenta en la práctica como un voto a favor del texto. Qué fácil resulta legislar sobre la intimidad de 450 millones de ciudadanos cuando se elige bien el día en que nadie está mirando.

Por último la elección de la fecha y de un procedimiento de “urgencia”. El Partido Popular Europeo sacó de su chistera el invento para forzar la votación justo antes de las vacaciones de verano. Votaron 607 diputados. 314 dijeron no, mayoría clara de los presentes, pero 47 votos por debajo de lo necesario, por inversión de la prueba. Es una auténtica estafa que el reglamento votado sea exactamente el mismo que el Parlamento rechazó hace meses, sin que haya cambiado una coma, pero con el envoltorio procesal distinto. La ley quedó aprobada sin que nadie la aprobara. Para los sicarios del rosco multicolor la aritmética es flexible: cuando pierdes por mayoría, ganas por reglamento.

¿Qué supone esto? Que como mínimo hasta 2028 las plataformas podrán seguir escaneando las comunicaciones privadas, supuestamente para detectar material relacionado con abusos sexuales. Resulta paradójico que el propio Supervisor Europeo de Protección de Datos avise de que cualquier renovación debe evitar el escaneo general e indiscriminado y a pesar de ello, salga adelante. Todavía no nos enfrentamos al llamado “Chat Control 2.0”, que impondría un sistema mucho más amplio y obligatorio. Este paso convierte a la UE en un modelo de vigilancia cada vez más intrusivo. Europa se pregunta cada año por qué no producen gigantes tecnológicos, cuando tienen la legislación más enrevesada y restrictiva del planeta. Quizá tenga algo que ver con unas instituciones que aprueban leyes de vigilancia perdiendo votaciones. Muchos parlamentarios, como suele ocurrir en todo lo relacionado a la “nueva democracia”, ni se enteraban de lo que estaban votando. Vamos a clarificarlo: 

A favor de la propuesta de rechazo: Un posicionamiento de defensa estricta de la privacidad digital. Su objetivo era bloquear la prórroga del escaneo automatizado, obligando a las instituciones a reformular la ley respetando la inviolabilidad de las comunicaciones privadas y deteniendo cualquier rastreo masivo en curso.

En contra de la propuesta de rechazo: Alinearse con la tesis de la Comisión y los partidos de siempre. Esto, aunque aprobado por la puerta de atrás, supuso dar luz verde a la continuidad de la prórroga, autorizando legalmente a los grandes consorcios a mantener los sistemas de vigilancia voluntaria y escaneo de mensajes en busca de contenidos indeseados.

Claro que hay que combatir enérgicamente el abuso infantil, pero estos adictos al poder lo utilizan como señuelo. Sus totalitarias políticas son siempre para nuestro “bienestar”. A estos políticos profesionales, los niños les importan un pimiento, sólo hay que ver todo lo que destruye su ideologizado wokismo. Lo aprobado es otra cosa: escaneo voluntario de mensajes no cifrados hasta 2028 mientras se negocia Chat Control 2.0. Es la versión obligatoria, que el propio servicio jurídico del Consejo advirtió que probablemente viola el derecho a la privacidad de la Carta europea.

Ya con la “plandemia” disfrutamos de lo que suponen las estrategias de la Comisión Europea por sus súbditos. Restricciones liberticidas, multiplicación exponencial de los beneficios de la farma industria e ingeniería social, a golpe de talonario, para limar cualquier conciencia crítica y cualquier sentimiento de identidad europeo. Es irritante emplear un procedimiento de urgencia, concebido para emergencias de primer orden, para sortear torticeramente el resultado de votaciones anteriores. O procedimientos de excepción que suponen prórrogas hasta el 2028, de algo que debería ser una recalcitrante excepción.

La consigna es siempre la misma: “Si no tienes nada que ocultar, no tienes nada que temer.” Pero que no nos engañen dado que la libertad no consiste en no tener nada que ocultar, sino en el derecho a no tener que enseñarle todo a nadie. Este invento de Chat Control equivale a instalar un malware gubernamental en tu propia casa, en tu hogar. Obviar el cifrado es como dejar la cerradura abierta en nombre de la seguridad. Y eso, ya sabemos que no protege a nadie.

Esto no es defender un capricho, esto es preservar la dignidad. Es defender lo humano, en un sistema que todo lo transforma en dato. Hablamos de defendernos frente a unos obsesos del control. Si continúan, ningún ciudadano podría expresarse libremente, ningún periodista podría proteger a sus fuentes, ningún médico podría garantizar la confidencialidad de sus pacientes. Utilizar algo sagrado como defender el bienestar infantil para invadir nuestra privacidad, resulta tan grotesco como quemar libros en nombre de la cultura.

En el 2020 aprendimos claramente cómo se las gastan los globalistas y sus marionetas. No hay que dejarse arrastrar por el miedo. Existen batallas que se libran no para ganarlas, sino para no rendirse.  La privacidad es un derecho, no un privilegio. 

Luis Nantón Díaz