Posiblemente una de las organizaciones más proclives a transformarse en una entidad criminal, sea un partido político. Al menos, el tipo de partidos que han monopolizado el poder en España en el último medio siglo. Cuando lo que te anima a integrarte en una estructura de partido es resolver tu vida, medrar, sin haber un ápice de entrega hacia los demás, tienes muchas papeletas para concebirlo todo como herramientas a tu servicio.
Los niveles de depravación de la política aumentan a velocidad de vértigo, en simultáneo a la capacidad de “tragar sapos y culebras” de la mayor parte de la perpleja ciudadanía. De hecho, los palmeros del sistema te insisten machaconamente en que si tomas partido, si te encoleriza todo este deprimente espectáculo, es que estás “polarizado”, vamos, como si tuvieras la sífilis. Pero no olvidemos que estos políticos salen de la sociedad, somos nosotros los que nos hacemos directamente participes de este estado de cosas.
La patética telenovela de la vida política española está copiando el nivel de dislate del gobierno y parlamento italianos en los años 80 y 90. Todo esto de las primeras condenas por la corrupción en el PSOE, recuerda vivamente la operación MANOS LIMPIAS (Mani Pulite) que casi acabó con la corrupción en el país alpino. Fue un verdadero terremoto judicial, que destapó el escándalo de una red de sobornos, adheridos como lapas en la totalidad de las instituciones. En Febrero de 1992 el fiscal Antonio Di Pietro ordenó la detención de un político milanés mientras aceptaba un soborno. Esto destapó el famosísimo escándalo TANGENTOPOLI («Ciudad de los Sobornos»), aflorando una financiación ilegal masiva y generalizada que involucraba a empresarios y a los principales partidos del país.
Tras años de investigaciones, con más de cinco mil políticos y funcionarios procesados, el impacto en la sociedad italiana fue brutal. Tan brutal como necesario. La degradación provocada por los partidos políticos fue tan desproporcionada, que el Partido Socialista y la Democracia Cristiana desaparecieron del escenario. El propio primer Ministro, el socialista Bettino Craxi, fue juzgado y condenado a pena de prisión. De hecho, y riéndome por la que le han montado al Juez Peinado por lo del “pasaporte”, este afamado político huyó a Túnez, país de donde nunca salió, para eludir el “talego”.
Todo esto fue posible por la valentía de muchas personas que ya no soportaban el estercolero en que habían transformado la nación. Fue posible por personas valientes que actuaron, y también, por personas que denunciaron a cambio de ventajas en sus calificaciones penales. Por lo expuesto, me cuesta pensar que no se vea claramente la jugada del empresario Víctor de Aldama. En relación a la sentencia todos destacan el tratamiento otorgado al eje axial de todo el procedimiento. Aunque Aldama ha sido condenado, el tribunal ha apreciado una atenuante muy cualificada por su colaboración. Su confesión y la información aportada durante la investigación han sido consideradas decisivas y realmente relevantes para esclarecer los hechos. Sin duda se va a generar una lógica reacción en cadena.
El Tribunal Supremo ha dictado una dura sentencia contra el exministro de Transportes José Luis Ábalos, al que considera responsable de integrar una organización criminal dedicada a obtener beneficios ilícitos mediante adjudicaciones, influencias políticas y el uso irregular de recursos públicos. La Sala Penal ha acordado imponerle una pena global de más de 24 años de prisión.
Estimo que una buena muestra del pésimo estado en que se encuentra nuestra sociedad, es que acaban de condenar a 24 años de prisión a un exministro del actual Gobierno y no pasa absolutamente nada. Su “Sanchidad” más enrocado que nunca se niega a asumir su evidente responsabilidad política, los diputados que le sostienen se ponen de perfil y sus millones de votantes se consuelan con que al menos no gobierna la derecha.
La prensa habla del primer gran proceso judicial que afecta a un dirigente de gran calado dentro de la élite gubernamental. Pues yo no puedo olvidarme del caso de los ERES, de la brutalidad de pasta que se esquilmó a los trabajadores, y como poco a poco, y tras un breve ínterin, el “partido” fue liberando a todos sus sicarios, uno tras otro. Eso es lo que mucha gente tiene miedo de que vuelva a ocurrir aquí. Sí tengo meridianamente claro, que al menos se han prometido las mismas prebendas.
No perdamos el norte. Nos enfrentamos a una organización criminal, una estructura jerarquizada, y plenamente operativa, cuya finalidad es ejercer el poder en beneficio propio y enriquecerse hasta donde puedan. Por eso la sentencia hace referencia a TERCEROS NO ENJUICIADOS, que han integrado y potenciado una organización criminal. Saben que los implicados son más, y auspiciando el caso Aldama, se invita a otros a destapar toda esta marabunta de corrupción.
Con esta resolución, el Tribunal Supremo da por acreditada, por unanimidad la existencia de una organización criminal que reportó beneficios económicos a sus integrantes a costa de recursos públicos. Resulta esperpéntica la enorme relevancia que alcanzó Ábalos al convertirse en uno de los rostros más visibles de la moción de censura que llevó al actual inquilino de La Moncloa al poder. Personalmente me duele más cuando pienso en que se estaban forrando, mientras nos tenían encerrados en plena plandemia.
Y esto solo acaba de empezar, lo del caso HIDROCARBUROS va a resultar de película de terror, lo de Bambi va a llenar cajas de documentación, lo del petróleo venezolano del caso APAMATE, para tres telenovelas. Son tantos los casos, que están motivando que muchos se “hagan su Aldama”.
No nos quedemos con lo de la cocaína, con colocar a las amigas, con las fiestas pagadas con dinero público. Que no nos entretengan con estas chorradas, porque estamos hablando de una organización criminal, con poderosos y complejos tentáculos, que ha esparcido sus redes casi sin límites. Sin tapujos. Una auténtica mafia.
Luis Nantón Díaz
ORGANIZACIÓN CRIMINAL
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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