El pasado miércoles 10 participé como ponente en el último Foro Empresas Las Palmas 26, organizado por Business Plus Network. Este año bajo el lema de: “Claves reales para crecer: innovación, eficiencia, talento y tecnología”.
Como saben, antes escribía con mayor asiduidad sobre temas empresariales, que siempre son de actualidad, y permanentemente generan un manifiesto interés. Pero gracias a su Sanchidad, y al circo permanente en que se ha consolidado la política española, es difícil encontrar huecos libres para escribir sobre cosas serias.
Aceptando la invitación y el reto de este año, hablé distendidamente sobre cómo encarar los retos empresariales del futuro más cercano, tratando sobre eficiencia, automatización y fortaleza empresarial. Seguidamente resumo los aspectos más importantes que abordamos, por si le fueran de interés a algún amigo lector. Es para lo que valen los errores, que denominamos experiencia, para que nos sirvan para el futuro.
Importante tener claros algunos parámetros como filosofía de trabajo. Preparar la empresa para un futuro inmediato no basta con alterar el dimensionamiento. Se trata de optimizar recursos. Debemos ser más eficientes, más medibles, más ágiles y más sólidos.
Lo que pocos discuten y resulta axiomático es que las empresas, los profesionales, debemos prepararnos bien. Esto significa tres cosas: 1) Saber qué pretendemos hacer, a dónde queremos llegar; 2) Cuántos recursos conlleva el objetivo; y 3) Saber si la nueva estructura tendrá la flexibilidad necesaria para un entorno cambiante.
A nivel empresarial la eficiencia no es un concepto abstracto. No es como cuando los políticos hablan de libertad, progreso o desarrollo, parafraseando eslóganes vacíos, sin sentido alguno. Es cuadrar turnos, cubrir bajas, controlar tiempos, responder al cliente, evitar duplicidades, reducir errores administrativos y mantener la calidad del servicio aunque exista una creciente presión.
La automatización entra ahí. No como sustitución indiscriminada de personas, sino como eliminación de tareas repetitivas que consumen energía empresarial. Pero automatizar sin orden previo es aventurado y peligroso. Si una empresa automatiza un proceso mal diseñado, acelera el desorden. Nunca olvidar que la eficiencia empieza antes que la tecnología. Sí. La tecnología amplifica. Si hay eficacia, amplifica el éxito. Si hay caos, amplifica el desastre.
La fortaleza empresarial no depende solo de vender más, de obtener mayores márgenes y rendimientos. Depende de crear procesos eficientes que no se degraden con facilidad. Una empresa competente y resolutiva no es la que nunca tiene problemas, sino la que detecta rápido, responde rápido y aprende rápido.
La nueva década va a penalizar mucho a las compañías que funcionen solo por intuición, a golpes de timón, con la “cuenta de la vieja”. Eso puede servir en una fase muy inicial, casi diría embrionaria, pero no cuando quieres crecer, delegar, controlar márgenes y mantener la calidad, sustentar la excelencia.
La eficiencia real empieza cuando la firma deja de depender de “francotiradores”, y empieza a sustentarse en sistemas claros, diáfanos, cristalinos. Por lo expuesto intentemos ampliar el concepto de solidez operativa. La incertidumbre no se elimina. Se gestiona. Y se gestiona mejor cuando la empresa conoce sus fortalezas y sus carencias. En servicios, el primer riesgo es comprometerse por encima de la capacidad real. Aceptar servicios sin calcular bien costes, turnos, sustituciones, desplazamientos o absentismo va a resultar una auténtica pesadilla.
La solidez operativa exige presupuestar con profesionalidad, y esta profesionalidad demanda altas dosis de realismo. No solo es cuestión de evaluar los importantes costes salariales, mantenimiento estructural, amortizaciones. Se trata de una visión global, de 360 grados, de coordinación, administración, prevención, seguros, formación, sustituciones, incidencias, margen y riesgo.
Cuando estás presentando licitaciones, te das cuenta de que las grandes corporaciones presentan ofertas sin márgenes, sustituyendo el beneficio por puro volumen para cumplir los objetivos. No debes dejarte arrastrar por eso y batir el cobre para ofrecer un servicio profesional, con verdadero valor añadido, pero manteniendo márgenes y rentabilidad.
La modernización de la empresa conlleva conservar, sostener y revisar unos protocolos de trabajo, unos canales de comunicación interna, y constantes procedimientos de revisión. Pero algo vivencial, sumamente flexible y que aporte valor añadido. Nada de farragosas gestiones que solo entorpecen la gestión. Y nunca lo olvidemos, gestionar es optimizar recursos.
La tecnología debe estar al servicio de la estrategia. No al revés. Si una herramienta no mejora una decisión, un proceso, un coste o una experiencia de cliente, probablemente no es necesaria. Todo lo contrario. Innovar bien es avanzar sin comprometer la caja, sin sobrecargar al equipo y sin perder control.
La próxima década no va a agraciar solo a las empresas que tengan buenas ideas. Va a premiar a las empresas que sepan ejecutarlas con método. Eficiencia, automatización, métricas e innovación no son parámetros de gestión aislados. Son partes de una misma lógica: conocer mejor la empresa para dirigirla mejor.
Mi mensaje resulta extremadamente sencillo: ordena tus procesos, mide lo importante, automatiza lo repetitivo, cuida el margen y construye una organización que no dependa de la improvisación.
La empresa fuerte no es la más grande. Es la que responde mejor, aprende más rápido y toma decisiones con más claridad.
La incertidumbre no se elimina. Se gestiona.
Luis Nantón Díaz
LA INCERTIDUMBRE NO SE ELIMINA. SE GESTIONA.
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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