Acabo de regresar de Argentina donde asistí al congreso SOCIOPLUS TECH 2026, en la hermosa ciudad de Córdoba. Un intenso y profesional evento, donde intercambiar experiencias e impresiones, con lo más granado del sector fitness argentino, y con la presencia de consultores como Hugo Amaya, Luis Amoroso de Brasil o nuestro paisano Chano Jiménez (ver chanojimenez.com).

He disfrutado de la hospitalidad de un pueblo hermano, con el que tantas cosas compartimos los españoles. A medida que más viajas, y más intentas conocer y aprender, aprecias los valores comunes de un sentido de la vida cohesionado por cientos de años de trabajo, esfuerzo e ilusión.

Los cambios económicos y sociales en Argentina son notables. Resulta evidente que la ciudadanía lo pasa mal, se llegó muy abajo, pero asumen que es el pago para intentar superar la absoluta ruina en la que estaban inmersos. No firmo con el ultraliberalismo de Milei, pero frente a la ruina que han dejado los “progres” cualquier cosa es mejor. Esto lo comento, porque contrasta con lo que tenemos en este otro lado del Atlántico.

La economía argentina sorprendió al cerrar 2025 con un crecimiento acumulado del 4,4%, la mayor expansión desde 2022, según datos oficiales difundidos por el INDEC. El Sector Público Nacional (SPN) alcanzó un superávit primario de 3.125.000 millones de dólares y un financiero de 1.105.000 millones de dólares en el primer mes del año, pese a presiones de gasto por proyectos aprobados en el ejercicio anterior. Al cierre, la actividad económica avanzó un 1,8% respecto a noviembre y un 3,5% en comparación con el mismo mes de 2024, revirtiendo dos meses consecutivos de caída.

Durante estos días en América he mantenido reuniones con todo tipo de personas. Un amplio abanico de profesiones, edades, capacidad adquisitiva, etc. En todos lados, con sus naturales reservas, se percibía una sana ilusión, una capacidad para emprender, para prosperar, para superar un país que resultó colapsado por una clase política tan inoperante como criminal. Argentina es un país con ganas, con personas que asumen riesgos, que quieren invertir, crear, desarrollar y están dispuestos a los inherentes riesgos y sacrificios. Y para nosotros, esta sana explosión de energía contrasta con el desánimo que impera en este otro lado del océano.

Su Sanchidad, y su equipo de palmeros, ministros tuiteros y redes clientelares, nos han arrebatado las ganas. Son muchos los que opinan que no hay nada que hacer, y son muchos más a los que no se les ocurre desarrollar inversiones, montar un proyecto, generar empleo…¿Para qué? Para trabajar para unos recaudadores sin medida, para una panda de locos que semana tras semana encadenan a la ciudadanía con legislación incumplible y trabas de todo tipo, ¿Para qué?

Nuestro país presenta cifras económicas brutas al alza, con crecimiento del PIB y niveles elevados de contratación. Pero son datos con trampa, y de esto sabe mucho nuestro Gran Timonel. Sufrimos una creciente presión fiscal que el año pasado alcanzó el 38% del PIB, tres puntos más que en 2018, impulsada principalmente por el aumento del IRPF y de las cotizaciones. Hablamos de 5 puntos de media más que en el resto de Europa, y para que tengamos un punto de referencia, el aumento en los tributos daría para pagar el 85% del presupuesto destinado a pensiones.

Como España, según Moncloa, va como un cohete, el presidente del gobierno se vanagloria de que la deuda pública bajó al cierre del año pasado al 100,8% del PIB y que se encuentra sólo un punto por encima de diciembre de 2018, el año en que Pedro Sánchez se ganó la lotería con una moción de censura. Pero pese a los “juegos porcentuales” entre ambos ejercicios, la deuda ha pasado de 1,210 billones de euros a 1,700 billones. Y esto es así, fundamentalmente por el crecimiento del PIB, generado casi exclusivamente por el aumento poblacional y el efecto de la inflación. No olvidemos, factor éste que no tienen en Argentina, que nuestra nación ha recibido, por la puerta de atrás, a cerca de 10 millones de extranjeros.

Sé que los factores son múltiples, y que los análisis son complejos. La deuda pública total ascendió a 2,23 billones de euros el 31 de diciembre de 2025, según los datos del Banco de España. Es decir, un 133% del PIB nacional. Pero las cifras reales están ahí, y eso sin tener en cuenta que por ejemplo no se tiene en consideración la deuda emitida por las administraciones públicas, o que nunca se contemplan previsiones actualizadas actuarialmente del peso de las pensiones en las cuentas públicas. Sí, lo sé, datos, y más aburridos datos. Después está el cálculo que a mí me convence más, que es cuando vas al super, a la estación de servicio o te llega la factura de la electricidad. Ahí no es necesario tener un master en económicas. 

Mientras la voracidad del estado resulta insaciable, los indicadores patrimoniales apuntan en dirección inversa. Uno de los datos más significativos es el retroceso de la vivienda en propiedad entre los jóvenes y adultos en plena etapa de consolidación familiar. Entre 2018 y 2024, el porcentaje de hogares con persona de referencia de entre 30 y 44 años propietaria de su vivienda cayó del 61% al 53%. La pérdida de activos cercena la estabilidad y condiciona decisiones como formar una familia o tener hijos. Eso es hablar de futuro.

Los argentinos saben mucho de descomunal deuda externa. Ellos están saliendo, la están controlando, y aquí estamos desbocados, como si no hubiera un mañana. Pero hay muchas similitudes. Un problema es el afán recaudador de un estado que todo lo fagocita, y otro es en qué disuelve los recursos, en qué se “pule” el presupuesto.

Una recaudación fiscal de más de 325.000 millones el año pasado, más la burrada de los fondos Next Generation y Plan de Recuperación que superan otros 150.000 millones adicionales. Gran parte de esos recursos se van con el grupo 1 de la administración. Una administración que crece imparablemente, mientras disminuyen los servicios garantizados. Esas nóminas ya superan los 180.000 millones de euros. Lo de las pensiones es otro tema, más bien es el tema, y ya para este 2026 hay que transferir más de 23.000 millones para que se puedan liquidar, dado que la caja social está vacía.

Pueblos muy parecidos, con raíces históricas, sociales, antropológicas, religiosas, un mar de elementos comunes…y ruinas parecidas. Tenemos que aprender, tenemos que retornar al sentido común. De veras, ha sido una verdadera inyección de vitalidad, energía y esperanza, cuando ves una sociedad que se rebela frente al desencanto.

Luis Nantón Díaz