¿Todavía no estas suficientemente cabreado? Recréate en la inspiradora imagen de la fiesta en los jardines de la embajada marroquí en Madrid, con la asistencia de políticos españoles, empresarios y otras gentes de la farándula.
Tributaron mansamente a la embajadora mientras el gobierno anfitrión lanzaba a sus hordas de irregulares a invadir Ceuta y Melilla. Una demostración de poder tan esperpéntica como apabullante, muy propia de un gobierno cautivo que dirige a mansos corderos. No se me ocurre mejor fotografía de un acto de sumisión, que además es lo que significa la palabra islam en árabe. Si no te es suficiente con esta patética imagen, con la “fiesta de la invasión” disfruta con las innumerables comparecencias de nuestros politiquillos dándole las gracias a Marruecos por su colaboración.
La invasión de Ceuta, con el desastre ocasionado, además de los muertos, es una nueva demostración de fuerza de nuestro vecino marroquí. Es de manual, lo que no es comprensible es que las opciones políticas de siempre, las de los adictos al poder, continúen soltando los absurdos discursos de siempre, que a nadie convencen ya. El experimentado politólogo Ernesto Mila vuelve a bordarlo en su último trabajo, donde expone como se están acelerando los acontecimientos, como en cualquier final de ciclo.
No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza a estos sicarios de la globalización cuando hacen referencia a “Europa, tierra de acogida para los que vienen buscando una vida mejor”. Por supuesto que bienvenidos los que busquen una vida mejor y estén dispuestos a aportar, a currar como los paisanos. Pero lo que necesitamos son trabajadores cualificados, no una riada multicultural de gentes procedentes de países que no tienen nada que ver con nosotros. Una vez aquí se muestran difícilmente incorporables y manifiestan continuas incompatibilidades por su religión. Una religión que se presenta permanentemente como excluyente.
Esta inmigración no tiene nada que ver con la que protagonizamos los españoles el siglo pasado en dirección a Europa: era preciso reconstruir el continente, demográficamente afectado por la Guerra Mundial. Además de respetar las leyes de los países receptores, la inmensa mayoría, tras unos años de trabajo y ahorro, volvieron a España. No tiene nada que ver con el fenómeno que están alentando las élites gobernantes, cada día más alejadas de la gente.
Lo de que nos van a pagar las pensiones, ya ha dejado de hacernos gracia y casi incita a la violencia. Es simplemente un insulto a todo aquel que es capaz de pensar. África y Asia son víctimas de sus propias políticas demográficas. En Marruecos, en los 40 años posteriores a la independencia, la población se multiplicaba cada 20 años, dándose la paradoja de que hoy tiene una de las tasas de natalidad más bajas de África, muy similares a las de Europa. No han generado los puestos de trabajo que requiere su explosión demográfica de hace 15 años.
Pero, ya que nos citan el problema demográfico en Europa, que es muy cierto, podríamos concebirlo como una oportunidad de ajuste a los tiempos de la nueva revolución industrial y tecnológica en la que estamos inmersos. No son necesarios inmigrantes extraeuropeos sin ningún tipo de formación, especialmente en un momento en el que, a causa de las nuevas tecnologías, cada vez menos mano de obra puede hacer más. El “invierno demográfico” situaría a Europa en mejores condiciones para afrontar este reto que irrumpe en nuestro mercado laboral: “cada vez menos, hacen más… gracias a las tecnologías”. Para ello habría que aplicar, además, políticas eficaces de apoyo a las familias europeas.
Algunos países escandinavos nos están enseñando lo que puede pasar con los sistemas de pensiones europeos. El sistema español, es un manual de todo lo que no hay que hacer, si realmente quieres mantener un sistema de pensiones perdurable en el tiempo. Estas naciones están demostrando que el aumento del PIB no es la llave de oro de la economía: “a más población, más PIB”, sino que lo que cuenta es el “PIB per cápita”. La inmigración ha generado una masa absolutamente improductiva o instalada en las franjas salariales más bajas que obliga a los Estados a mantenerlos, subiendo constantemente la presión fiscal. Obviamente, no son solamente los subsidios a la inmigración y el desmesurado gasto social que generan, los responsables de la subida de impuestos, pero, sin duda, constituyen la partida más importante, después del gasto en el mantenimiento del aparato faraónico del Estado y de las autonomías.
Otro factor importante, es que la inmigración masiva e ilegal se ha convertido en un auténtico negocio para muchos. Es autentico tráfico de personas, con falsos tintes de humanismo. Lo más razonable sería que un “refugiado” que huye de Argelia, pida asilo político en Egipto o en Túnez, no en Italia o en España. Salvo, por supuesto, que ese refugiado sea cristiano y tenga que huir de la persecución de la que es objeto en países islámicos. Sus propias autoridades suelen maltratar a su propia población. No olvidemos que el gobierno marroquí utiliza a sus jóvenes dirigiéndolos como carne de cañón a la frontera de Ceuta, por tierra y mar, generando un número de ahogados que, desgraciadamente, estará próximo a los 200.
Nuestro país sufre dos grandes infortunios: el gobierno y la oposición. Cuando aparentemente intercambian papeles, cambia el orden de nuestras desgracias, solo esto y llevamos medio siglo comprobándolo. Así, a la progresía más mezquina, guerra civilista y manipuladora de occidente se le une la derecha más mediocre, cobarde y torpe del hemisferio. Volvemos a ratificarlo con un gobierno incapaz de mantener la integridad y la seguridad de su territorio, que es lo mismo que no servir absolutamente para nada. Para compensar, la oposición ha levantado un poquito la voz, que hay que guardar las apariencias.
Todo esto no es inevitable: podemos pararlo. Para eso sólo hace falta voluntad política, un Gobierno que tenga las cosas claras y una mayoría social que lo respalde. Los datos son escalofriantes y si quieres comprobarlo consulta el trabajo de valientes como Rubén Pulido (@rubnpulido) o Canario Today (@CanarioToday), que diariamente ofrecen detallada información del negocio de la inmigración. Necesitamos recuperar urgentemente la conciencia de lo nacional y volver a definir nuestra posición en el mundo. El enemigo está acelerando, muy confiado, pero a lo mejor todavía tenemos capacidad de respuesta. No podrá hacerse de un día para otro. Pero cuanto más tardemos, más difícil será.
Luis Nantón Díaz
ACELERANDO
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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