Siento enorme vergüenza cuando verano tras verano sufrimos el mismo y desesperante desastre de los incendios. Tragedias nacionales que periódicamente se repiten en las que los políticos, los adictos al poder, no hacen nada, salvo tirarse basura unos a otros.

Hay catástrofes que son inevitables y hay otras que, sin poder evitarse, se agravan por la negligencia, la improvisación y la falta de sentido común. Estos desalmados incapaces no solo incumplen su obligación de gestionar, sino que acuden raudos y veloces a sacarse fotos y realizar burdas proclamas, en el epicentro de los problemas que ellos mismos encienden. Justifican su desidia e incapacidad recurriendo al casposo “cambio climático”.

Después de un año bastante lluvioso, nuestros campos han explotado de vegetación. Lo que en primavera supone una esperanzadora foto, en verano se transforma en millones de toneladas de combustible esperando una chispa. No hace falta ser ingeniero de montes para anticipar lo que iba a ocurrir en estas fechas. La certeza, la evidencia de todos los años es una realidad previsible, y sin embargo, una vez más llegamos mal y tarde. Si usas el “comodín” del cambio climático, tienes que explicar lo que has hecho para luchar contra los efectos de tu mediática plaga. Todos los años repetimos el fatídico guion: ruedas de prensa, declaraciones tan solemnes como vacías, promesas de pactos, visitas institucionales, homenajes y millones de euros destinados a apagar fuegos que se pudieron evitar. Todo ello mientras creas y amplificas una legislación vomitada por iluminados, que ningunea y denigra a agricultores y ganaderos, transformando nuestros recursos forestales en un polvorín.

Mientras las llamas arrasan, su Sanchidad se va de vacaciones con más imputados (126) que diputados (121), lo cual resulta un fiel reflejo de sus éxitos. Y por cierto, ¿saben en qué consiste el pacto de Estado climático que propone el gran timonel? Está aquí: https://miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/prensa/Propuesta%20Pacto%20de%20Estado%202025%20diciembre.pdf . Te lo resumo rápidamente, lo verdaderamente crucial está en los puntos 13 y 14: poner el Estado al servicio de las renovables e incrementar exponencialmente los impuestos para financiarlo.

Es irritante el discurso del Pacto de Estado contra los incendios si detrás no existe un contenido concreto, financiación suficiente ni un compromiso real con la gestión forestal. Nuestra nación está saturada de titulares subvencionados, y lo que requerimos es soluciones. Necesitamos motosierras, desbrozadoras, cortafuegos, limpieza de montes, caminos forestales en condiciones, vigilancia permanente y plantillas suficientemente dimensionadas durante todo el año. Para empezar que los eternamente prometidos hidroaviones se activen, reparen y multipliquen. Es de juzgado de guardia que España sólo disponga de 7 hidroaviones para cubrir 17 comunidades autónomas mientras destinamos millones para financiar el tren de Egipto, el tranvía de Marruecos o proyectos de género ecoresiliente en Guinea o Bolivia.

No basta con apagar incendios. Hay que acabar ya con la desquiciante legislación medioambiental que imposibilita gestionar el campo con sentido común. No tiene sentido que el simple desbroce de un monte suponga un pecado medioambiental. Un monte limpio no es un monte destruido; es un monte protegido. La normativa vigente encarece e imposibilita las labores preventivas de desbroce, impidiendo retirar buena parte del material combustible que alimenta las llamas cuando se declara un incendio. «Los incendios se apagan en invierno», y eso lo sabían perfectamente nuestros abuelos. La biodiversidad no se preserva contemplando cómo arden miles de hectáreas cada verano, mientras firmo proyectos de lucrativas energías renovables.

Prevenir siempre resulta infinitamente más barato que reconstruir. La auténtica política ambiental no consiste en redactar documentos impecables ni en multiplicar los discursos grandilocuentes. Se fundamenta en invertir y desarrollar medios de prevención. En potenciar la contratación de más brigadas forestales. En mantener retenes durante todo el ejercicio. En recuperar el aprovechamiento tradicional del monte. En limpiar, desbrozar y planificar antes de que llegue el calor. En el dichoso sentido común que hemos erradicado de nuestras vidas, a causa del venenoso rosco multicolor de la Agenda 2030.

En lo que va de año hemos sufrido 46 grandes incendios forestales que han afectado a 131.113 hectáreas, según la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen. Es patético si comparamos estas cifras con las 24.133 hectáreas y los siete grandes incendios en el mismo periodo del año pasado. Tras 8 años aferrados al poder ahora dicen que la solución es un «Pacto de Estado» contra «el Cambio Climático». Lo que realmente acontece es que han hundido a impuestos, burocracia y normativas a nuestros agricultores y ganaderos… Los que siempre han mantenido limpios los montes.

Es necesario analizar otra perspectiva de esta hecatombe que todos estamos sufriendo. La cruzada climática de la agenda 2030 siempre supone impresionantes beneficios para unas cuantas empresas. Existe una correlación entre incendios, en su mayoría provocados, y proyectos para la instalación de aerogeneradores. Detrás de algunos repugnantes pirómanos encontramos declaraciones de impacto ambiental desfavorable, que son aprobadas más tarde, tras un terrible incendio.

Las casualidades se van amontonando con gran precisión en muchas de estas discutibles inversiones. Discutibles para el bien común, no para el promotor, que todo el mundo tiene primos. Utilizando la simbología de Tolkien, para rematar esta absurda vergüenza: “Quemaron los bosques… las encinas, los olmos, los castaños… También a los animales. En su lugar aparecieron placas solares, centros de datos, yacimientos de litio…No hay término en élfico, lengua Ent o de los hombres, para describir esta vergüenza”

Luis Nantón Díaz