Estoy sinceramente sorprendido. Pensaba que como años anteriores, los resultados de la estrategia educativa de los gobiernos, tras unos breves días de consternación y ridícula sorpresa, pasarían al olvido. Pero este año es diferente, muchos se están rasgando las vestiduras ante el desplome de los resultados de España. Todo deriva del ínfimo currículo impuesto por… los políticos. El sistema diseña analfabetos funcionales, personas sin espíritu crítico, gente apesebrada y servil. Los políticos no quieren ciudadanos libres y conscientes, solo necesitan y requieren “votontos” y consumidores compulsivos. El informe PISA confirma que están consiguiendo sus objetivos.
La estrategia es compleja, debe abarcar varias generaciones y es imposible de analizar en un artículo de opinión. Pero, ¡por Dios! No lo normalicemos porque el éxito de nuestros afamados políticos supone nuestra ruina. El Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), evalúa 750.000 estudiantes de todo el mundo al término de la enseñanza obligatoria. Se realiza cada 3 años y pretende determinar las competencias adquiridas para su empleo en la vida cotidiana. Se centra en tres pilares: lectura, matemáticas y ciencias aunque en cada edición se incluyen nuevas áreas. Hay algunas matizaciones que hay que tener en cuenta, PISA examina por edad no por curso y es necesario plantear niveles superpuestos porque si no damos por buenas comparaciones maquiavélicas. No es lo mismo el cuarto de la ESO de hoy que el segundo de bachillerato de hace 10 años y las diferencias entre naciones inciden en el nivel competencial asignado. Los resultados se transforman en puntuaciones numéricas asignando 20 puntos al aprendizaje adquirido en un año escolar completo.
La educación se basa en la familia y los alumnos tienen que ir al colegio educados ya desde casa. Los centros educativos lo que imparten es formación. La inversión de valores que ha propiciado el sistema ha provocado agresivos progenitores armados con información de redes sociales, consultas a ChatGPT y un manual prestado sobre “educación inclusiva”. Padres desnortados que machacan a profesionales, con dos oposiciones y décadas de experiencia disertando sobre pedagogía o gestión de un aula, para no reconocer las deficiencias de su crianza.
En cuanto al profesorado, hay dos factores que minan el sistema por la base: la desmotivación y la incorporación de nuevos profesores generados por el mismo sistema educativo. Si fuera profesor, también sería proclive a la desmotivación, con un sistema que no busca la excelencia, sino el maquillaje de las estadísticas. La consejería de educación ha eliminado las competencias esenciales, convirtiendo a los profesores en cuidadores de niños maleducados, mientras sus padres están “produciendo”. Los maestros no tienen capacidad ni poder, frente a los alumnos, sus padres y las instituciones. Unas instituciones que parece que están interesadas en promover el fracaso, para que siga disminuyendo el nivel de la ciudadanía. Unos profesionales de la educación hastiados de tener que aprobar a un gandul que no ha entregado ni un trabajo en todo el curso, o al gañán que ha sido expulsado más de 10 veces, para evitar la trifulca con la inspección o con unos padres furibundos porque su brillante vástago es un incomprendido.
Sigamos siendo políticamente incorrectos, aunque los globalistas nos insisten en que estamos en la mejor sociedad, la más moderna, desarrollada y “chachi”. El gran problema de los actuales estudiantes es su fragilidad, fruto de un exacerbado proteccionismo por unas familias que, llenas de buenas intenciones, quieren evitar a sus hijos todas las dificultades. El suspenso se percibe como un trauma psicológico infligido por un docente cruel. La potestad de corregir y formar, inherente a la docencia, se transforma en agresión frente a la autoestima del menor. En lugar de aleccionar para encajar y superar los fracasos de la vida, optamos por maquillar estadísticas y regalar aprobados, fomentando la vana ilusión de que tienes unas competencias que no alcanzas ni de lejos. No se promueve la cultura del esfuerzo, el instinto de superación o la tolerancia a la frustración. ¿Para qué superarme si tengo la misma gratificación que el que no se esfuerza? ¿De qué sirven las matemáticas o la historia si lo crucial son las clases en valores cívicos y éticos de los miércoles? Si paso de curso con unas calificaciones bochornosas, ¿para qué quiero aprobar?
Los políticos: Estos son los verdaderos artistas, las marionetas que promueven planes educativos, sin base ni concierto. Ocho leyes orgánicas educativas en poco más de cuatro décadas, con la aberrante complicación de las comunidades autónomas, cercenando materias y pauperizando aún más el nivel. Con cambios de criterio y sin rumbo desde hace años resulta imposible determinar una estrategia a largo plazo. La educación es lo que modela el futuro, por eso potencian tanto el caos y la ausencia de líneas maestras. En Canarias seguimos en los últimos puestos de la educación española: el 27% del alumnado no alcanza los índices mínimos en ciencias; el 40%, en matemáticas; y el 34%, en comprensión lectora. También se confirma en nuestra comunidad la tendencia de que solo el 7% de nuestros alumnos destacan en alguna de las tres materias, frente al 12% de la OCDE. Pero por otro lado tenemos menos alumnado por debajo del nivel 2 en las tres a la vez, que la media. Estamos obsesionados por el “suelo” y a nadie le preocupa el prestigioso “techo”.
Desde la familia debemos educar desde el respeto hacia uno mismo, y sobre todo a los demás. No increpar a los docentes por el fracaso de nuestra responsabilidad para con nuestros hijos. Enseñarles que superar la frustración es parte del aprendizaje y recuperar la confianza en unos docentes que luchan por mantener su importante labor en la sociedad.
Es responsabilidad de todos recuperar la cultura del esfuerzo, siendo conscientes de que nos quieren dóciles, ignorantes y sumisos. Que no cumplan sus objetivos.
Luis Nantón Díaz
PISA: OBJETIVO CUMPLIDO
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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