Las cuentas no salen. El sistema de pensiones técnicamente quebrado, aunque todos nos resistimos a reconocer una realidad tan tozuda como apremiante. Solo es cuestión de sentido común, de un poquito de lógica, y de no continuar con la vana esperanza de que los políticos que llevan medio siglo estafándonos, van a realizar el milagro de “la multiplicación de los panes”.
La caja está vacía, las pensiones consumen presupuesto de otras partidas y la deuda pública aumenta de forma exponencial. Si ahora devengamos la deuda de las pensiones a liquidar en los próximos 15 años, y la comparamos con la previsión de ingresos, el problema aumenta exponencialmente. Los “adictos del poder” lo niegan, dado que nos necesitan para que sigamos cotizando y pagándoles la fiesta, mientras fomentan una verdadera sustitución poblacional.
Nuestro país tiene % más ocupados que nunca, entre otras razones por la llegada en los últimos años de casi 10 millones de inmigrantes. El debate de fondo no va sólo de cuántas personas trabajan, sino del desequilibrio generado por prestaciones que aumentan a velocidad de vértigo. Va de cuántos mantenemos con nuestras cotizaciones un sistema cada vez más caro e insostenible. El envejecimiento, la baja natalidad nacional y el incremento en pensiones están tensionando un modelo que depende de una base decreciente de trabajadores. La tasa de actividad se mantiene en torno al 58%, lo que significa que una parte importante de la población en edad de trabajar sigue “ausente” del mercado laboral.
En España, solo el 37% de la población trabaja, por lo tanto somos una nación muy grande sostenida por muy pocos. Al final tenemos un sistema que castiga el esfuerzo, ahoga la iniciativa y exprime fiscalmente a quienes crean riqueza. Los políticos no piensan en clave de progreso, piensan en clave de dependencia y redes clientelares. Cuando emprender se convierte en una carrera de obstáculos, la cultura del subsidio acaba sustituyendo a la cultura del trabajo.
A quien sí le salen las cuentas es a su Sanchidad. Continúa ganando tiempo, aunque despedace el país. Con la visita del Papa ha distraído durante más de un mes al personal. Gracias a la Conferencia Episcopal le han lavado la cara al Gobierno, le han dado “alas de estadista internacional” a nuestro Gran Timonel y no se ha hablado tanto de corrupción, pese a que diariamente se destapa un nuevo escándalo. Solo pretende ganar tiempo, y los amiguetes del PP siempre le ayudan. Ahora el mundial de fútbol, después las vacaciones veraniegas y en septiembre, tras la diada catalana, nuevamente a empezar. Cuando nos queramos dar cuenta, nuestro flamante Presidente conserva la poltrona hasta el 2027, aunque desmonte lo poco que le quede por destrozar.
Realmente el problema no es Pedro Sánchez, sino el tipo de país que ha permitido la carrera de un tipo así. Nuestra ciudadanía lo ha hecho posible, lo ha tolerado, lo ha normalizado. Sánchez es la mejor prueba del algodón para nuestro sistema de libertades, y escribo pensando en la “libertad” de los siete millones de conciudadanos que continúan otorgándole su confianza. Este tipo lleva ocho años por la apatía de una sociedad desmotivada, y por unos socios políticos que no cuentan con ningún incentivo para dejar de apoyarlo, dado que nunca han gozado de tantos apoyos, prebendas y encumbramientos.
A su Sanchidad le salen las cuentas porque cuenta con el apoyo incondicional de la oligarquía económica y financiera española, que continúa especulando y ganando mucho dinero, mientras se ahoga al autónomo y al pequeño empresario. Los del IBEX saben que tiene toda la capacidad de adaptación, para continuar en la cúspide, cuando el poder cambie de manos. Se mantiene por los grupos mediáticos que subsisten por la contratación de publicidad gubernamental y otras “dotaciones”. Sin mentar a los 61, o 610, o 6100 periodistas en nómina, que han blanqueado todos los excesos y locuras de esta gente.
Por eso no podemos normalizar el gobernar, año tras año, sin presupuestos. No debemos acosar permanentemente al poder judicial ni convertir al Constitucional en una oficina gubernamental. No es lícito polarizar a los españoles ni destruir la clase media. Es necesario apostar por nuestro sector productivo, creando empleo de calidad y priorizando inversiones que sustenten nuestro futuro. Pero la ecuación cambia cuando hay más pensionistas, menos nacimientos y una parte importante de la población fuera del mercado laboral.
Todas, absolutamente todas, las medidas del gobierno de su Sanchidad están aumentando el déficit, la incesante expansión del gasto público. Continúa con unos alocados gastos que no aumentan ni mejoran nuestro tejido productivo, nuestra capacidad económica o nuestra competitividad. A estos iluminados les importa un bledo cualquier cosa que no conlleve beneficios electorales o cuestiones estéticas, encaminadas al crecimiento de una sociedad dependiente y sin capacidad de decisión.
Los españoles soportamos una presión tributaria insoportable para nuestro nivel medio de ingresos. La comparación con otros países europeos, no puede hacerse solo evaluando impuestos: también hay que mirar los salarios. Con retribuciones más altas, una carga fiscal elevada puede ser más asumible. Con salarios más ajustados, el impacto se nota directamente en el ahorro, el consumo y los gastos básicos de las familias. Eso hace que el esfuerzo fiscal sea menos visible. Los trabajadores recibimos salario neto, pero no “interiorizamos” la cantidad de pasta que nos retiene el pagador, la empresa, para entregársela al Gobierno. Y ya tenemos claro que no es solo para educación y sanidad…
El tiempo va en nuestra contra, y sobre todo en detrimento de las próximas generaciones. En 1978 comenzó un golpe de Estado consumado en una típica operación teatral de sesión continua, de engaño al elector con esa falsa apariencia de dos formas de ver el mundo, que en realidad era la misma, esclavizar al ciudadano. El problema es que la mayoría no vea lo evidente. Tenemos que dar un paso al frente como individuos y como sociedad, porque claramente las cuentas no salen.
Luis Nantón Díaz
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SIEMPRE APRENDIENDO
Ante todo gracias por tu visita.
Te presento un recopilatorio de los artículos que semanalmente se publican en el CANARIAS 7, y que con auténtica finalidad terapéutica, me permiten soltar algo de lastre y compartir. En cierta medida, de eso se trata al escribir, de un sano impulso por compartir.
La experiencia es fruto directo de las vivencias que has englobado en tu vida, y mientras más dinámico, proactivo y decidido sea tu carácter, mayor es el número de percances, fracasos, éxitos… Los que están siempre en un sofá, suelen equivocarse muy poco…
Y, posiblemente eso sea la experiencia, el superar, o al menos intentarlo, infinidad de inconvenientes y obstáculos, procurando aprender al máximo de cada una de esas vivencias, por eso escribo, y me repito lo de siempre aprendiendo, siempre.
Me encantan los libros, desvelar sus secretos, y sobre todo vivificarlos. Es un verdadero reto alquímico. En su día, la novela de William Goldman “La Princesa Prometida” me desveló una de las primeras señales que han guiado mi camino. La vida es tremendamente injusta, absolutamente tendente al caos, pero es una experiencia única y verdaderamente hermosa. En esa dicotomía puede encontrarse ese óctuple noble sendero que determina la frase de aquel viejo samurái: “No importa la victoria, sino la pureza de la acción”.
Como un moderno y modesto samurái me veo ahora, en este siglo XXI… siempre aprendiendo. Los hombres de empresa, los hombres que intentamos sacar adelante los proyectos de inversión, la creación de empleo, los crecimientos sostenibles, imprimimos cierto carácter guerrero a una cuestión que es mucho más que números. Si además, te obstinas en combinar el sentido común, con principios, voluntad de superación y responsabilidad, ya es un lujo.
Si también logramos inferir carácter, lealtad y sobre todo principios a la actividad económica, es que esa guerra merece la pena. Posiblemente sea un justo combate.
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